David Bowie (1967)

2.5

Little Richard. De no haber sido por él, probablemente no me hubiera ido por el camino de la música. Cuando tenía nueve y vi por primera vez a Little Richard en una película que se proyectaba en la ciudad —probablemente The Girl Can’t Help It— con esos cuatro saxofonistas en el escenario, pensé: “¡quiero estar en esa banda!”. Y por un par de años esa fue mi ambición, estar en una banda tocando el saxofón detrás de Little Richard. Por eso conseguí un saxofón.

–David Bowie en una entrevista con el periodista musical Bill DeMain en 2003

El momento en el que el joven David Robert Jones, de Brixton, Londres, decidió volverse músico a los nueve años, cambiaría todo el panorama cultural por incontables décadas venideras. Su padre, Haywood Jones, trajo a casa una colección de sencillos de cuarenta y cinco artistas americanos, entre los cuales estaban Elvis Presley y Little Richard; según David, escuchar “Tutti Frutti” fue como “escuchar a Dios”. En cuanto a Elvis, dijo que ver a una prima suya bailar al ritmo de “Hound Dog” fue una revelación sobre el poder de la música, y que eso lo hizo empezar a coleccionar álbumes.

Al poco tiempo, su padre —siempre apoyándolo en su ambición de ser una estrella— le consiguió un saxofón, y David consiguió convencer por teléfono al aclamado saxofonista Ronnie Ross de que le impartiera clases. Esto fue así por unos tres o cuatro meses, y ya en su adolescencia, no solo estaría tocando ya la guitarra, el piano, el bajo y el ukelele, sino que también estaría probando sus capacidades en áreas como la mímica, el diseño gráfico, el teatro, la pintura y la escultura, en gran parte gracias al énfasis en la educación artística de la Bromley Technical High School. Mientras tanto, aprendía a degustar el jazz de Charles Mingus y John Coltrane gracias a su hermanastro Terry.

Y es que, con toda esta preparación aunada a su magnética presencia física, David casi parecía destinado a ser una superestrella; sin embargo, al parecer no estamos hablando de una persona que crea en el destino. En uno de los primeros pasajes de Starman, el libro de Paul Trynka sobre el célebre músico, se cuenta como este le pidió a su chofer que se detuviera ante el número 40 de Stansfield Road, la casa que lo vio nacer. Según su acompañante, el guitarrista Eric Schermerhorn, Bowie se dio la vuelta tras contemplar la vivienda victoriana por unos segundos, y con lágrimas en los ojos dijo: “es un milagro… yo probablemente debí ser un contador. No sé cómo ocurrió todo esto”.

Decir que Bowie ha sido modesto al hablar de sus habilidades como músico es generoso; muchos de sus comentarios sobre sí mismo en entrevistas son un ejercicio de autodeprecación, la cual suena extrañamente sincera en una celebridad de su talla (“la verdad es que no puedo tocar nada bien”). Entonces, ¿qué fue lo que llevó a un artista que se considera a sí mismo tan elemental a revolucionar el panorama de prácticamente todo a lo que le ponía sus manos encima?

La respuesta quizá está en su innegable inteligencia al manejar su propia imagen y al maniobrar en el medio —a su “genio ejecutivo” en palabras de Iggy Pop—, en su constante actualización en cuanto a las nuevas tendencias en la música y el arte en general, en conseguir mejores músicos que él para tocar sus canciones, y en darles libertad creativa para que llevaran sus ideas al siguiente nivel. Ideas que —dejando de lado a Bowie y su clásica “modestia del artista”— eran muy buenas de todos modos: esos bizarros cambios modulares en sus canciones serán instintivos y no el producto de años de estudios en un conservatorio, pero no por ello deben ser minimizados. Así que sí, hay un componente de talento en la ecuación que explica el éxito de David Bowie, pero el haberse convertido en el “camaleón del rock” se debe principalmente a su inteligencia: era alguien que quizá no siempre tenía un instrumento en la mano, pero que sí tenía siempre un libro o el nuevo álbum del artista del momento.

El talento toma prestado, el genio roba.

—Pablo Picasso

En 1962, ocurrieron dos eventos cruciales en la vida de David: el primero, la pelea con su amigo George Underwood por una chica, la cual lo mandó al hospital durante cuatro meses gracias a una lesión en el ojo izquierdo que le brindó su ahora icónica mirada dispar; el segundo, la formación de The Konrads, su primera banda (en la cual también estaba Underwood, con quien mantuvo la amistad). Al año siguiente decidió dejar la escuela y, decepcionado con la falta de ambición con los demás miembros de la banda, formó el grupo Davie Jones with the King Bees, con quienes lanzó su primer sencillo en 1964, a la edad de diecisiete años: “Liza Jane”.

El sencillo no tuvo éxito, y lo mismo ocurrió con los posteriores temas lanzados por sus otras bandas, The Manish Boys y The Lower Third. Sin embargo, David no se rindió, y gran parte de las canciones lanzadas en esta época están disponibles en compilaciones independientes, fuera de su discografía “oficial” (como 1966). Siguió tocando en bandas como The Buzz y The Riot Squad, y a los dieciocho años decidió cambiar su nombre artístico por “David Bowie” (apellido tomado del nombre de la navaja popularizada por el mercenario americano del siglo XIX, James Bowie) para diferenciarse de Davy Jones de The Monkees. El último de sus sencillos anteriores a su álbum debut fue “The Laughing Gnome”, una novelty song inspirada por Anthony Newley, un número infantil sin el cual “el mundo sería un lugar más aburrido” según el actor británico Nicholas Pegg.

Parece tener sus raíces por todos lados, en el rock y en el vaudeville y en el music hall. No sabía si era Max Miller o Elvis Presley.

—David Bowie sobre su álbum debut

Kenneth Pitt, el manager de Bowie en sus primeros años como solista, estaba totalmente dispuesto a volverlo no una estrella de rock, sino un entertainer, como Tommy Steele o Anthony Newley. Estas figuras estaban en su auge, y su propuesta de actor, compositor y cantante (performer) era bastante ad hoc con las capacidades y metas de Bowie.

A los quince o dieciséis años era muy fanático de Anthony Newley… así que empecé a cantar como él, y estaba leyendo muchas cosas de la generación angry young men, Keith Woodhouse [Waterhouse], John Osborne, cosas así. Así que estaba haciendo estas canciones raras al estilo de Anthony Newley pero con letras sobre lesbianas en el ejército, caníbales y pedófilos.

—David Bowie en su entrevista con el aclamado periodista británico Michael Parkinson, 2003

1967 fue un año legendario para la música rock. Olas de psicodelia salían de todos lados: del álbum debut de The Doors, del de Pink Floyd, de Disraeli Gears de Cream, de Axis: Bold As Love de The Jimi Hendrix Experience, del debut de The Velvet Underground. Entre todas estas carátulas coloridas y lisérgicas, estaba la portada sobria de un álbum que salió a la venta el mismo día que el mítico Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de The Beatles: David Bowie.

A pesar de que la temática de las canciones fuese lo suficientemente escandalosa como para causar el revuelo que ocasionó, por ejemplo, The Velvet Underground & Nico, la música no conquistó a nadie, por lo que el álbum ni siquiera fue vapuleado por la crítica, sino que recibido con una aplastante indiferencia que le costó a Bowie su contrato con la disquera Deram. Sin embargo, el álbum —bien plantado en el género del baroque pop— cumplió una función crucial en la educación musical de David, ya que él compuso los arreglos instrumentales y aprendió a emplear distintos compases, todo gracias al Observer Book of Music y a la asesoría del bajista Dek Fearnley, quien también tuvo mano en los acompañamientos. Los nada desdeñables resultados de esta experiencia pueden verse reflejados en prácticamente cada canción.

Uncle Arthur likes his mommy
Uncle Arthur still reads comics
Uncle Arthur follows Batman

—“Uncle Arthur”

La jocosa narración sobre el malsano apego materno del tío Arthur en la primera canción está entre lo más apto para todo público en este álbum, junto con las inocentes “Sell Me a Coat” y “Rubber Band” (esta última destaca por su tuba). Es a partir de los tintes voyeuristas del romántico de “Love You till Tuesday” —el “sencillo estrella” del álbum— que las cosas comienzan a adquirir una oscuridad subyacente que amenaza con romper el infantil tono de estas canciones, junto con el ocasional acorde inquietante luchando por hacer de las suyas, como en el coro de “We Are Hungry Men”. Si uno presta atención, notará que el característico pop freaky de David Bowie está en etapa fetal aquí, por lo que la obra no es tan ajena al resto de la discografía como aparenta.

Achtung, achtung, these are your orders
Anyone found guilty of consuming more than their allotted amount of air
Will be slaughtered and cremated
Only one cubic foot of air is
I have prepared a document, legalizing mass abortion
We will turn a blind eye to infanticide

—“We Are Hungry Men”

Resulta entonces curioso que, a pesar de su aire infantil, este trabajo tenga tanto en común con entregas posteriores en cuanto a la “mitología” creada por Bowie: la figura mesiánica de “We Are Hungry Men” aparece en “Cygnet Committee” del segundo álbum (aunque explorada de diferente manera, ya no como una caricatura fascista), y la representación de los niños como una raza diferente a los adultos (“There Is a Happy Land”) resurge en “After All” de The Man Who Sold the World y en “Oh, You Pretty Things!” de Hunky Dory (también con diferentes contextos). No hacen falta las historias sobre diversidad sexual de “Lady Stardust” y “Rebel Rebel”: “She’s Got Medals” nos habla sobre como una chica se cambió de sexo y logró entrar al ejército, pasando hasta el examen médico (don’t ask me how it’s done, canta Bowie con un tono deadpan).

Estos temas no están tocados con una completa sensibilidad sino con la intención de formar parte de una antología sobre marginados sociales con un enfoque meramente observacional y de vez en cuando ambiguo. Por ejemplo, nunca nos queda claro si el afable exmilitar de “Little Bombardier” era un pedófilo o simplemente encontró felicidad al interactuar con niños. El arreglo de cuerdas en el puente de la canción es excepcional, y musicalmente se trata del número más bello de todos junto con “Silly Boy Blue”, que muestra la fascinación de un chico británico hacia la cultura tibetana. Es la que más se ha probado atemporal de las canciones aquí, y una de las pocas que siguió cantando de vez en cuando; destaca la presentación en el evento de caridad Tibet House Benefit en el año 2001.

Child of the Tibet, you’re a gift from the sun
Reincarnation of one better man
The homeward road is long
You’ve left your prayers and song

—“Silly Boy Blue”

Esta bella canción aligera el tono del álbum rumbo al final, junto con “Come and Buy My Toys” (donde se recupera el aire a novelty) y “Join the Gang”, animosa pero que sin embargo termina en una cacofonía poco esperada. Para cerrar están “Maid of Bond Street”, un interesante intento de tocar el tema de los estándares que la sociedad impone a la mujer, y “Please Mr. Gravedigger”, donde un infanticida confiesa su crimen ante el sepulturero de la niña que asesinó solo para matarlo a él también al final de la canción. Es lo más oscuro de todo el álbum, y musicalmente la más extraña: lo que pudo haber sido una melodía es un spoken word con una actuación vocal bastante buena, con un Bowie haciendo una voz nasal para sonar enfermo. La única instrumentación son los sonidos de la lluvia y los relámpagos arriba de los personajes.

Cuando el álbum fracasó, Bowie se encargó de promocionar su propia imagen a través de un cortometraje de media hora con vídeos musicales de varias canciones de su debut y de “Space Oddity”, una nueva canción que había compuesto inspirado por 2001: A Space Odyssey. El filme también tiene una demostración de sus habilidades como mimo llamada “The Mask”, y más canciones de su era temprana como “When I’m Five” o “Ching-a-Ling” (con la progresión armónica de la futura “Saviour Machine” de The Man Who Sold the World), que se pueden escuchar en la edición deluxe del álbum que nos concierne, donde también se encuentra “The London Boys”, reconocida por muchos como la primera obra maestra de Bowie, una narración sobre la escena mod a finales de los años sesenta. Otras excelentes canciones de esta fase son “Let Me Sleep Beside You” e “In the Heat of the Morning”, la cual cuenta incluso con una versión de The Last Shadow Puppets, grupo que es quizá el mayor exponente del baroque pop en el siglo XXI (y claramente influenciado por el Bowie temprano).

Como se puede ver, no todo fueron penas y fracasos durante la era temprana de David Bowie como artista. Al otro lado del mundo, en Estados Unidos, una chica de catorce años llamada Sandra Dodd amó el álbum tanto que le mandó a David su primer fan mail americano, al cual este respondió de inmediato de una manera sumamente gentil y bright-eyed. A pesar de los numerosos altibajos emocionales que tuvo —y que cualquiera tiene— durante el resto de su carrera, el espíritu entusiasta de este chico de veinte años claramente se mantenía hasta en los momentos más oscuros, y es por ello que pudo reinventarse y salir adelante como artista tantas veces. Como se puede ver en dicha carta, en aquel entonces David no tenía idea de lo cerca que estaba del éxito, y de dejar huella en la cultura popular con cada una de sus transformaciones.

bowie67

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Un comentario en “David Bowie (1967)

  1. Me sorprendió demasiado este disco,sabiendo que era el primero y que su fama despegaba desde Space Oddity y viniendo de escuchar The Man Who Sold The World esperaba menos de lo que me dió este Álbum que me gusta más que el mismísimo Space Oditty

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