Blur: The Great Escape (1995)

3.5

The Great Escape es el cierre de la “trilogía britpop” de Blur, un álbum donde la aislación y la depresión permean la vida de desagradables personajes, escoria de la burguesía inglesa, y la lucha diaria de la gente de a pie. Títulos como Wildlife Darklife fueron considerados para la obra; este es un álbum bastante oscuro aunque su música no parezca indicarlo. De hecho, se trata del trabajo más comercial de Blur a la fecha, con los miembros de la banda ya vueltos superestrellas, Damon un sex symbol, y con el sencillo “Country House” batiéndose en duelo por los charts con “Roll with It” de Oasis.

De cualquier modo, para Blur la definición de “comercial” sigue siendo bastante extraña a comparación del resto del pop. Y es que si en Parklife ya se habían consumado como maestros en el arte de crear éxitos sin dejar de sonar como algo aventurado, aquí lo llevan al siguiente nivel. Cada canción tiene a su vez una característica de gusto art rock que la define: “Stereotypes” tiene guitarras eléctricas tan chillantes que emulan el sonido de un láser, y posteriormente la canción quiebra en un subidón de teclados de jazz; “Country House” y “Charmless Man” cuentan con armonías excéntricas con mucho estilo y “The Universal” es una obra maestra que ha sido comparada con justa razón con lo mejor de Scott Walker.

En 2007, Damon Albarn afirmaría que en su vida ha hechos dos malos álbumes, Leisure, al cual llamó “pésimo”, y este, al cual llamó desastroso (messy). Hay algo de verdad en afirmar que el tracklist tiene cambios muy extraños, pero con la repetición, The Great Escape se vuelve un gusto adquirido que no para de recompensar. La guitarra de Coxon se desgarra a través de los versos de la incisiva sátira burocrática de “Mr. Robinson’s Quango” (la juguetona obra maestra escondida del álbum) y la cósmica “He Thought of Cars”, donde el eco espacial de un riff y teclados crean un contexto sonoro etéreo para un tema banal, al mejor estilo de Pulp.

En este álbum los estribillos pegajosos están escondidos hasta en las canciones que inicialmente parecen de relleno, y con el tiempo uno descubre joyas escondidas como “Ernold Same”, un conmovedor choque de vals, spoken-word, y baladería. Las narraciones contrastan con la vivacidad de la música: “Country House” está llena de depresión, el “Charmless Man” es un pobre diablo, y hasta “The Universal” y la belleza melancólica de “Best Days”, que tienen mensajes positivos, suenan más a resignación que a paz interior. La canción final, “Yuko and Hiro”, una historia de dos amantes japoneses que nunca se ven debido a su extenuante jornada, hace que nuestra visión se traslade desde Inglaterra hasta Japón, para hacernos notar que tanto la ansiedad de la vida diaria, así como el amor, son algo universal.

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