Blur: The Magic Whip (2015)

3.5

El nacimiento de The Magic Whip es una hermosa historia de reconciliación entre los miembros de Blur. En sí, el conflicto siempre estuvo entre Damon Albarn y Graham Coxon, así que el primero decidió reunir a la banda en 2008 para reparar su relación con él. Tras críticas sumamente positivas de sus conciertos que declaraban que sonaban incluso mejor que en sus días de gloria, el cuarto más representativo del britpop fue añadiendo fechas y fechas hasta entrar de nuevo en el juego por completo. Tras un concierto cancelado en Hong Kong, decidieron pasar sus días libres matando el tiempo en un estudio.

Abandonaron Japón antes de pulir la música y escribir las letras, así que el proyecto quedó en puntos suspensivos. Pero Graham Coxon continuó grabando a escondidas con el resto del grupo mientras Damon hacía tour para promocionar su álbum solista Everyday Robots. Coxon llamó al productor de cabecera de Blur, Stephen Street, y el resultado le fue enviado a Albarn. Este decidió buscar inspiración en Asia durante su gira para escribir las letras, grabar su voz y terminar el álbum. ¿El resultado? Una banda unida, un nuevo tour y un torrente de críticas muy positivas.

The Magic Whip no se siente como el típico regreso de una banda vieja aspirando a sus días de gloria; es como si nunca se hubieran ido. Todo lo que hace a Blur ser Blur está aquí: los riffs prístinos pero agresivos de Graham, el dúo de Alex y Dave dándole dinamismo a las canciones, Damon sonando tan cool como siempre. La música posee una integración del pop freak que el grupo nos entregó durante su fase britpop con la experimentación art rock ambiental de 1997 en adelante, y el resultado es su conjunto de canciones más accesibles y disfrutables quizá desde el mismísimo Parklife. Eso no significa que no se atrevan a probar nuevas cosas: fiel a su tradición world, los motivos orientales de la música no buscan apropiarse de una cultura sino escribirle una carta de amor sin la presunción de ser algo más que rock alternativo británico.

Las estructuras de cada tema son más brillantes que nunca, con la banda empleando todos los trucos que han desarrollado y aprendido. Pongamos de ejemplo el opener, “Lonesome Street”. En vez de ser la típica canción de Blur ruidosa o la típica canción de Blur pegajosa o la típica canción de Blur experimental, esta belleza comienza con un riff contagioso, se quiebra en un coro etéreo, luego Coxon canta en la lejanía durante un puente, y luego efectos electrónicos y algo de jamming dan pie a una coda. Incluso Liam Gallagher (desde su esquina llena de telarañas, alcohol y discos no vendidos de Beady Eye) la llamó “la canción del año”. Y decían que Blur había perdido la batalla del britpop. Por otro lado, el “lado Gorillaz” de Blur está mucho más controlado que en las últimas ocasiones, dando resultados exquisitos como en “Ice Cream Man”.

The Magic Whip no es un álbum tan melancólico como Everyday Robots, pero ciertamente no es unilateralmente lúdico como en “I Broadcast”. Las viñetas de Damon no abarcan solo sobrecogimiento urbano (“New World Towers”) sino aislación, como en “Go Out”, donde un riff y un bajeo sucios adornan un sencillo fraseo que narra noches de soledad y onanismo. Más tarde, la cósmica “Thought I Was a Spaceman” toca el tema de la morriña inglesa haciendo la metáfora de un astronauta perdido en otro planeta. “My Terracotta Heart” es una de las baladas más elegantes de Blur, con el corazón de sus autores vertido en una historia sobre reconciliación y miedo a perder la conexión; suena amantes, pero es sobre amigos. Las cosas se ponen bastante serias con la cabalgata solemne y adornada con cuerdas de “There Are Too Many of Us”, con un Albarn “dislocado”, ante imágenes de sobrepoblación; la canción está inspirada en la crisis de rehenes en Sidney de 2014, y los versos remiten a Bradbury (There are too many of us. There are billions of us and that’s too many. Nobody knows anyone), así como a la paranoia post-redes sociales del trabajo solista de Damon.

El título del álbum posee tres significados: whip (“látigo”) significa helado en Reino Unido, fuego artificial en China y un látigo en el sentido político. Esto viene a colación en “Pyongyang”, sobre estar encerrado sin salida en la capital norcoreana y ver mausoleos caer. Tras esto, el lado soleado de la obra alcanza su cenit con los lalalás y la alegría turística romántica de “Ong Ong”, para después cerrar con la súplica y las imágenes de templos, dragones y árboles de “Mirrorball”. The Magic Whip es uno de los álbumes más agradables del año, y si bien no es un trabajo de Blur a la altura de sus clásicos, sí representa un equilibrio inteligentemente logrado entre todas sus virtudes.

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