Beady Eye: Different Gear, Still Speeding (2011)

2.5

Me es fácil defender Oasis a pesar de que medio mundo los acuse de ser un plagio de The Beatles. “Algo que tiene una personalidad, un alma propia a pesar de tener influencias muy marcadas, no es un plagio” o algo por el estilo decía yo con voz solemne, regodeándome en callar bocas de esnobs y escuchar Morning Glory sin pena alguna mientras ellos se retorcían de disgusto al no poderme hacer sentir inferior. Sin embargo, no habría manera terrena de que pudiera defender Different Gear, Still Speeding ante las mismas acusaciones.

La declaración del título es falsa: no es un equipo nuevo, es el mismo pero con una pieza faltante. Sin las composiciones de Noel, Oasis pierde alma propia y se vuelve, ahora sí, una copia de los años sesentas. El álbum es una demostración de que la definición de Liam de ser rebelde y rockero consiste en emular a los clásicos, lo cual es irónicamente lo menos rock del universo. Demuestra que uno de los dioses de los fanáticos cerrados del género peca de la misma mala concepción de la rebeldía que los cientos de niñatos que se creen mucho por su cover de”Wonderwall”. Y no, no importa que traigas al legendario Steve Lillywhite  (U2, Morrissey, Rolling Stones, Talking Heads) a producir. Los clásicos se crean con espíritu nuevo, calidad, y quizá algo de reverencia, que eran lo que tenían los primeros álbumes de Oasis. No copiando.

Y escuchen, la música no es mala. Simplemente es completamente desechable y olvidable. Si la meta de Liam era que alguien que escuchara de pasada alguna canción creyera por un momento que se trata de una toma inédita de The Beatles, misión cumplida. Pero para todos aquellos que no están inundados por la nostalgia o que no son seguidores de los Gallagher, Different Gear, Still Speeding será lo más insulso del mundo. No importa que tan fuerte suenen “Four Letter Word” o “Standing on the Edge of the Noise”. No importa qué tan pegajosas sean “Millionaire” o “The Roller”. Estas canciones se sienten bien en el momento, pero solo recuerdan a mejores cosas.

Si hay algo que redime a este álbum son las baladas que cierran. Pareciera que Beady Eye no se decidió por cuál usar de closer y pusieron todas las candidatas: “Wigman”, “The Beat Goes On”, “The Morning Son”. Debo admitir que son mágicas y que muchas veces, antes de dormir, me he puesto a escucharlas y a perderme en ellas. Pero jamás he tenido la paciencia o devoción por Liam y compañía como para atreverme a gastar una hora escuchando este álbum de principio a fin otra vez.

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