Damon Albarn: Everyday Robots (2014)

4.0

Resulta sorpresivo que alguien con una trayectoria tan enorme y diversa como Damon Albarn no haya lanzado un álbum solista en sus tres décadas de carrera musical. Everyday Robots llega, con su portada grisácea, con su autor sentado taciturno por debajo del ominoso título, a darnos un atisbo de sus sentimientos más profundos. “Cada línea en este álbum ocurrió en realidad”, dice Damon: referencias a su viejo uso de heroína, a la historia de Blur, a sus pecados y amoríos, a su infancia en Leytonstone y al mundo actual, permean los versos sostenidos por beats oscuros de trip-hop o una guitarra acústica tocando acordes menores.

Quizá Damon no haya estampado su nombre en un disco antes, pero sin duda poseía un control creativo enorme en álbumes como Think Tank o todo el repertorio de Gorillaz, así que es obvio que ese sello más world, más experimental, esté presente aquí. El momento más trotamundos es “Mr. Tembo”, una canción para un pequeño elefante que Damon conoció en uno de sus viajes a África, y la canción más feliz del conjunto.

Everyday Robots está sumido no en las tinieblas de la depresión, sino de la retrospectiva de un hombre de mediana edad y el cómo lidia con ese nuevo milenio sobre el cual no paraba de teorizar en clásicos de Blur como “The Universal”. Aquí ya no hablamos de satélites sino de un escenario distópico donde todos están inmersos en sus celulares, robots que se han visto reducidos a la acción de sus pulgares. “Lonely Press Play” es un futuro clásico, espasmo de bajo y batería dando trompicones hacia versos sobre arritmia, soledad, y recurrir al entretenimiento cuando el mundo a tu alrededor parece colapsar. Canciones que en esencia son baladas son convertidas en lamentos que provienen de un éter tecnológico, como “The Selfish Giant” o la épica de dos partes “You & Me”.

Irónicamente, el sonido no es el aspecto más arriesgado de Everyday Robots. De hecho, no sorprende que la producción sea tan impecable. Brian Eno colaboró, y si bien el resultado no es un Low o un “Heroes” para Damon, sí es una especie de Portishead prístino y rico en texturas, con temas que van recompensando con la repetición y sobre todo, con la escucha en un buen sistema de sonido. La manera en la que los instrumentos se sintetizan crea sonidos casi alienígenas que uno se pregunta cómo diantres lograron, como en la intro de “Lonely Press Play”, o en los bonitos y breves intermedios instrumentales que son “Parakeet” y “Seven High”.

Pero como decía: el sonido no es lo más arriesgado del álbum, sino el manejo de su tema. Es un álbum abiertamente personal que termina de consolidar a Damon como un autor, y lo pone en las ligas de Lou Reed o Leonard Cohen, aunque sea por un momento, si es que no vuelve a entregar un trabajo así. Como todo buen álbum que recorre una psique y sus tribulaciones, Everyday Robots remata con un clímax catártico, “Heavy Seas of Love”, con Brian Eno y el coro de Leytonstone ayudando a cerrar el álbum en una nota optimista.

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