David Bowie: Young Americans (1975)

3.5

“Soul plástico” – “Los restos machacados de música étnica sobreviviendo en la era del rock de elevador, escritos y cantados por un limey [slang para británico] blanco.”

—David Bowie sobre Young Americans

En su primera transformación a un nivel tan radical, de ícono del movimiento glam a soulman blanco, Bowie estaba perfectamente conciente de la apropación cultural que estaba llevando a cabo. Para volver a su nueva música más auténtica, dio un clavado en la escena soul y disco de Philadelphia, al lado de los productores Tony Visconti y Harry Maslin, así como del guitarrista Carlos Alomar. Tal ambiente engenderaría Young Americans, álbum en el que participarían nombres de la talla de Luther Vandross, Dennis Davis, John  Lennon, y Andy Newark de Sly & The Family Stone, Pink Floyd y Roxy Music, entre otros. Se le mire por donde se lo mire, Young Americans es una superproducción.

El escepticismo en la prensa y la audiencia ante una reinvención tan inusitada no era poco. Actualmente, el booklet del álbum lo compara con Radiohead tocando reggae, Green Day cantando ópera y Phil Collins haciendo de acto grunge. A oídos contemporáneos, con Bowie siendo un artista de culto y no un nuevo acto actuando de maneras inesperadas, uno no juzga a Young Americans pues ni siquiera se siente un cambio extraño de tan logrado que está. De inmediato uno comienza a tararear tema tras tema, habiendo sido conquistado por la calidez vivaz del title track, una obra maestra con una de las mejores letras de David, riachuelos de imaginería americana y comentario social y político tan nítidas que es sorprendente que hayan sido escritas por la mano de un extranjero.

Quizá es esa misma perspectiva la que es capaz de describir con tanto color lo que observa, y lo mismo pasa con la música. Este género no le pertenece a David, pero deja que músicos dentro de la escena jazz y soul pinten las ideas que de su mente emergen y se desenvuelvan (David Sanborn toca el sax alto y Willie Weeks el bajo). En el documental Five Years, coristas afroamericanos como Luther —quien más tarde alcanzaría su propio estrellato— expresan la comodidad que reinaba al trabajar con David, y su comprensión del tipo de música que quería tocar. Tan bien ensamblada estaba la banda que, más que muchos otros, Young Americans contiene la mayor cantidad de Bowie “en vivo” y sin modificaciones de estudio de su discografía.

Otro de los cambios es que Bowie ya le da el protagonismo a su barítono, herramienta indispensable en la sedosa “Win” y en el sobrecogedor cover de “Across the Universe” transformado en el mantra de un crooner, aprobado por John Lennon, amigo de Bowie, quien estuvo presente en las sesiones de grabación brindando guitarra y coros aquí y en “Fame”, un logro del funk basado en un riff de Alomar que más tarde el mismísimo James Brown en “Hot (I Need to Be Loved, Loved, Loved)”. Bowie ha desarrollado su voz al grado de que ha adquirido una propiedad elástica que hace que los coros de “Fascination” y “Somebody Up There Likes Me” oscilen de agudo a grave a falsete junto con los coristas; es una escucha deliciosa. Está más allá de mi comprensión el por qué los tracks adicionales de la edición especial no fueron elegidos para estar en el tracklist oficial: “John, I’m Only Dancing (Again)” es un “autocover” que cambia fraseo, ritmos, y vuelve al tema glam un funk efervescente y sexy. “Who Can I Be Now?” es una súplica ante el vacío existencial e intelectual de la sociedad, una búsqueda de la identidad ante la adopción de nuevas facetas, el mejor mantra de cambio desde aquel “Changes” de 1971.

Young Americans, con sus ocho temas, es el segundo álbum más corto de David Bowie (actualización 2016: el tercero debido a Blackstar), lo cual, entre otras cosas, le impide estar al lado de sus obras maestras. Algunas canciones no son tan creativas en su estructura o ambiciosas temáticamente como el title track o el closer (incluso el cover de The Beatles, por lo impresionante que es), y caen como ejercicios de género que, si bien se disfrutan, quedan algo pálidas. De cualquier modo, lo que Young Americans aspira a ser lo desempeña con un completo éxito, y es un ejemplo de como apropiarse de otro género, y vaya, hasta de otra cultura, de manera reverente, sincera, y con resultados dignos aunque seas “el hombre más blanco que he conocido” (cita real de Carlos Alomar). Es superior a básicamente todo el plastic soul que inundaría la radio en los año ochenta, un valiente movimiento de parte de una estrella de rock que hasta la fecha no se ha vuelto a ver, y uno de los mejores álbumes de seducción de la historia.

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