David Bowie: Low (1977)

4.0

Tras haber tenido la suerte de escuchar por primera vez a David Bowie en mi ahora álbum favorito de todos los tiempos, The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (posiblemente la mejor vía de acceso a su obra, junto con Hunky Dory), el amigo que me recomendó escuchar al artista me dirigió hacia Low. Yo fui directo a escucharlo, ávido de más Bowie pasando por mis tímpanos (estoy consciente de lo raro que se lee eso), y cuando finalmente presioné el botón de reproducir, entonces…

…lo odié. Claramente algo estaba mal. ¿Electrónica? ¿Letras ambiguas de cuatro versos por canción? ¿Canciones de dos minutos? ¿Un lado B instrumental aburrido? ¿Qué carajos es esto? Mi rockero true se retorcía en su tumba en el panteón de mi inmadurez musical púber.

Por supuesto, harían falta unas tres escuchas posteriores para que me empezaran a gustar algunas canciones, luego ya me gustaba todo el lado A, y después de ya más de diez escuchas, pude quedar maravillado y perdido en los mares de todo el mágico, sublime, espiritual lado B. Tras abandonar su icónica faceta glam y convertirse en un soulman blanco, pasando por esa gloriosa anomalía híbrida llamada Station to StationLow fue la consumación del Bowie avant-garde, otro salto valiente en su carrera, y un álbum perfecto que se escuchará por siempre futurista, por siempre delantado a su tiempo. ¿Como fue que se dio este salto? David Bowie estaba cerca de la quiebra e inmerso en una etapa muy problemática de su vida en gran parte gracias al abuso de la cocaína. Definitivamente no me hubiera gustado conocerlo en este período, ya que apenas si tenía carne en el rostro, emitía un aura gélida y aparte tenía cierto coqueteo con el ocultismo que lo llevaba a hacer mierdas raras como resguardar su semen para evitar que las brujas crearan un ente satánico con él y hacer apología al nazismo. Sí, yo creo que hasta él se dio cuenta de que estaba haciendo algo mal.

Así es como nuestro pequeño amigo camaleónico de piel perfecta se mudó a Berlín para desintoxicarse, ir de antro con Iggy Pop, y de paso, grabar cosas nuevas. Se enamoró de la sensación alemana del krautrock , y tomó de égida a Brian Eno, un innovador de la música rock, exmiembro de Roxy Music y pionero de los soundscapes en el pop. Al lado del productor Tony Visconti, Low fue grabado en Francia, en el viejo y confiable Château d’Hérouville. Ya en Alemania, la música fue mezclada, pulida y complementada en el estudio Hansa. ¿El título preliminar? New Music Night and Day.

En efecto, pocos álbumes suenan tan perennes como el que nos concierne en esta crítica. El don para la composición de David y sus inclinaciones experimentales fueron alimentadas por Eno, con sus nuevas técnicas y uso de material nuevo, como el sintetizador AKS y el harmonizador Eventide H910, usado para darle un tratamiento cavernoso a las percusiones. Como resultado, el álbum se escucha a la vez espacioso y muy compacto (“Breaking Glass”) los arreglos tradicionales se ven deconstruidos en electrónica fragmentada (“Be My Wife”), y bueno, el lado B es pura magia instrumental marca Eno, con los detectables ganchos pop de Bowie y cánticos misteriosos en lenguas imaginarias (“Warzsawa”).

“Speed of Life” posee un gusto de rock ‘n’ roll puro, cuyos elementos han sido desensamblados y luego reasimilados en una fábrica solitaria en un planeta salido de una space opera. Un pulso de sintetizador chirriante emerge de la nada, la batería sórdida llama a los demás instrumentos y los riffs felices de la guitarra son intercalados con cadencias descendientes de sonido más triste, todo a una velocidad constante. En efecto, es una introducción que le hace honor a su nombre. Una de las canciones que menos me gustaron inicialmente es la segunda: apenas si llega al par de minutos, y fue extraño para alguien acostumbrado al Bowie mesiánico de muchas letras y alto registro vocal escuchar por primera vez un fraseo corto y certero, entregado con la sexy voz de pecho que Bowie casi nunca hacía en sus primeros años. Sin embargo, ahora es de mis favoritas, una descarga de swagger robótico y sincopado; recomendable es la versión de Loreley 1996, donde Reeves Gabrels inserta en ella un solo de guitarra de sonido igualmente digital y de gusto bastante onanista, vivaz y compacto. Es algo que bien pudo haber estado en la versión de estudio.

You’re such a wonderful person
But you got problems oh-oh-oh-oh
I’ll never touch you

—”Breaking Glass”

Y la letra no es tan vana, después de todo: Bowie hace sonar enigmática una pelea que tuvo con Roy Martin, amigo de su entonces esposa Angie Bowie, que resultó en un par de anteojos rotos. Es una de las mayores virtudes de un cantante, hacer que líneas asíposean una cualidad trascendental al ser entregadas con gravitas. Y vaya, hasta se coló otra referencia ocultista por ahí:

Don’t look at the carpet,
I drew something awful on it

—Dos palabras:  Etz haChayim

Algo que noté a la primera escucha es que ciertamente estaba ante algo sorprendente que no comprendía y que tenía que tomarme mi tiempo para digerir (algo que me ocurriría con prácticamente cada álbum de Bowie a partir de entonces). La revelación me llegó durante los primeros segundos del tercer tema, la polirrítmica “What in the World”. ¿Como lograron hacer ese efecto burbujeante? No tengo idea. Puntos extra por los backing vocals conscientemente desinteresados pero efectivos (deadpan) de Iggy Pop. Su marca de la casa, también. El siguiente tema, “Sound and Vision”, es un funk ambiental con un motivo laxo de guitarra y coros femeninos por Mary Hopkin, la esposa del productor Tony Visconti. Bowie tomó la canción cuando todos habían dejado el estudio y le agregó voz a lo que iba a ser un número instrumental, creando uno de sus temas más icónicos en el proceso. Es bastante curioso como su voz no entra sino hasta minuto y medio dentro de la canción, yuxtaponiendo una toma muy grave y desinteresada y otra altamente melodramática. Pongan atención al splash discreto del sintetizador que pulsa sin parar en el canal izquierdo.

Every chance, 
every chance that I take
I take it on the road

—Filosofía de autopista en “Always Crashing in the Same Car”

“Always Crashing in the Same Car” es una favorita de los fans por el solo de guitarra improvisado y grabado a la primera por Ricky Gardiner, de la banda de prog Beggars Opera, quien también grabó guitarra y co-escribió “The Passenger” de Iggy Pop (busquen la versión de VH1 Storytellers y verán de una manera más desnuda, la excelente canción que es). “Be My Wife” abre con una floritura ragtime de piano, y es quizá la canción que suena más “normal” del conjunto; todo sin perder el sabor outré característico del álbum. Fue escrita como una  carta musical de Bowie a su esposa Angie, una poco efectiva súplica para salvar su matrimonio que terminó en divorcio en 1980. Sin embargo, Bowie a la fecha se refiere a la canción como una de sus favoritas y vaya, es buena: los ataques al piano caen en medio de la instrumentación electrónica de manera que le brinda un toque vintage, y la letra, simple sincera y tiene bastante impacto visceral.

Y entonces llegamos a la mitad instrumental de Low. Debo admitirlo, me lo saltaba las primeras veces que lo escuchaba. Me aburría con ganas, y a la fecha hasta algunos críticos dicen que es pura basura. Sin intención de sonar juventófobo, hay algo en esta nueva era de escuchar todo en tus dispositivos y mientras haces mil cosas a la vez en tu computadora que hace que pierdas un poco la concepción de escuchar música como un evento aislado, semejante a sentarte a leer un libro. Por tanto, a menos que la canción tenga estribillos obvios, tu cerebro no hará el esfuerzo por encontrar un patrón que apreciar si está distraído con otra cosa. Los invito a escuchar estos instrumentales en paz, prestándoles atención, dejándose envolver por su increíble riqueza.

Algo que me llama mucho la atención es como se eligió el título a la perfección para cada uno de ellos, encontrándole la sensación correcta que dan estos números expresionistas donde las melodías se terminan abstrayendo. “A New Career in a New Town” habla sin palabras sobre la mudanza de David de Estados Unidos a Europa, y la harmónica exacerba el tono nostálgico de la canción pero la melodía sugiere cierto optimismo, la oportunidad de un nuevo comienzo. “Warszawa” fue tejida a partir del constante A, B, C que el hijo de cuatro años de Visconti tocaba en el piano en el estudio de grabación. El motif es elevado hasta la estratósfera y teñido de un sabor cósmico, budista, meditabundo y trascendental, que evoluciona de manera tan sutil que apenas si se notan los tres brutales cambios de clave. La pieza está hecha para simbolizar la desolación de la Varsovia posguerra, y también le dio nombre a la banda Joy Division en sus inicios.

“Art Decade” usa destellos de vibráfono que suenan digitales y tecnológicos, acentos entre el crecimiento lento de una idea que esta vez está hecha para retratar los movimientos artísticos de Berlín Oeste. El gamelán cósmico de “Weeping Wall” es acompañado de pulsos sostenidos del sintetizados y de grandes coros, de guitarras eléctricas chillando a la distancia, como lamentos tras un muro de sonido (¿el muro de Berlín?) Esta pieza es la única canción que Bowie interpreta en su totalidad en el álbum (voz, guitarra, vibráfono, xilófono, sintetizadores, piano, chamberlin y percusión). También toca un saxofón triste rumbo al final de la cinematogrática “Subterraneans”, hecha para evocar el dolor de aquellos que quedaron atrapados en Berlín Este, la región soviética de la ciudad tras la secesión posguerra. La letra de la canción es casi ininteligible, una consecuencia del notorio distanciamiento de Bowie para con las convenciones del rock. Según las notas en el relanzamiento de la canción en 1999, esta es la letra:

Share bride failing star
care-line
care-line
care-line
care-line riding me
Shirley, Shirley, Shirley, own
Share bride failing star

Low es una dicotomía cohesiva donde los fondos hablan volúmenes, donde las sensibilidades del rock se pierden en un rico éter de sonido, donde la electrónica prueba que puede pintar un fresco expresionista, donde se exploran nuevas posibilidades para un formato pop dentro de unos pocos minutos que pueden ser fugaces y enérgicos o extenderse hasta adquirir una cualidad meditabunda gracias a la magia de la inmersión.

De haber sido lanzado veinte años más tarde, le hubiesen llamado “post-rock”.

—Bjorn Randolph, Stylus Magazine, 2004

Solo Low suena como Low. Solo Low sonará como Low, Low siempre sonará como el futuro.

david-bowie-low

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s