Black Mirror T2E01 “Be Right Back” (2013)

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La contraparte de aquellos que se la pasan elogiando a Black Mirror y llamándola la nueva Twilight Zone consiste de un tipo de nerd algo más analítico, ese que es más aguafiestas que siguemodas. Previo a comenzar a ver la serie me topé con un artículo en uno de mis lugares favoritos de la red, BirthMoviesDeath.com, en el cual el elocuente Film Critic Hulk expone —del mismo modo que lo ha hecho con cosas igual de aclamadas, como Birdman— que “Black Mirror Is Kinda Bullshit“. Fuerte declaración en medio de tanto hype. Su tesis es que la serie, a pesar de poner en la mesa premisas interesantes, peca de echarle la culpa de todo a la tecnología y de no ahondar en el aspecto y raíz humana de los conflictos.

Pero esta es mi reseña, no la suya. Mi posición en torno a las cosas siempre es muy personal (al menos ahora), y mi opinión de la primera temporada de Black Mirror fue bastante positiva; ya pasé la fase de sentirme culpable por amar BirdmanInterstellar o a Lana Del Rey gracias a opiniones ajenas, y fingir que no me gustan para sentirme superior. Sin embargo, esta vez no puedo sino encontrar verdad en las afirmaciones de Hulk al empezar la segunda temporada de Black Mirror con “Be Right Back”, uno de sus capítulos más amados por la crítica, y considerado por muchos el mejor de toda la serie.

Comenzamos con Ash (Domhnall Gleeson) esperando a su novia Martha (Hayley Atwell) en el coche en una noche lluviosa. La chica llega con un par de cafés quemándole las manos, pero su pareja no le abre por estar viendo su celular, absorto. Más tarde ese día, sus intentos de interactuar con él se ven frustrados debido a su necesidad de estar compartiendo tonterías en redes sociales. Muy obvio el comentario, pero no me atrevería a decir que es un escenario irreal; hasta aquí todo bien. Luego Ash muere, y una amiga mequetrefe de Martha la suscribe a un servicio para “lidiar con el luto” que consiste en crear una versión ficticia de tu ser querido usando su huella virtual: tuits, estados de Facebook, etcétera. Martha inicialmente se resiste, pero su dolor es tal —y tan bien actuado y desgarrador— que acaba, naturalmente, sucumbiendo a la tentación, consciente de que es un mero paliativo.

Por un momento, el episodio se desenvuelve como una versión más oscura de Her, con Martha adquiriendo un apego a su celular al punto de llevarlo consigo a todos lados y de llorar al dejarlo caer al piso (“te rompí”, le dice). Naturalmente no puede romperlo, está en “la nube”, como el falso Ash bien le informa. Domhnall hace una gran actuación vocal al sonar como una inteligencia artificial que se apropia de la conducta sarcástica y bonachona de Ash (he notado que todos los novios cool de ficción son así y eso hace que me sienta menos especial). Oh, pero esperen, eso no es todo: resulta que hay todavía otro nivel en este cuestionable plan: una “resurrección” al mejor estilo de Frankenstein.

Martha accede y le llega a su casa un gigantesco cajón con un hombre que parece hecho de silicón, rodeado de unicel. Lo mete a la bañera, le arroja nutrientes en polvo, y lo deja reposar una noche, como si fuera un gran Sea-Monkey. La IA se traslada a este cuerpo de alguna manera, y al cabo de un día se levanta una versión prístina, suave y virgen de Ash que ha aprendido a tener sexo como característica de fábrica, siendo expuesto a vídeos pornográficos. Este dildo sarcástico gigante incluso puede recrear lunares y demás características de tu ser querido fallecido si le das las indicaciones, y por un momento su presencia funciona para Martha. Eventualmente, el hecho de que se trate de una imitación — y una representación de una sociedad obsesionada con sedar la pérdida— comienza a causar problemas graves.

La lógica del guion es pura basura. Los episodios de Black Mirror tienen una escala tan íntima que no se hace mucho esfuerzo por ahondar en cómo funciona el entorno donde toman lugar, pero hasta la fecha eso había funcionado de maravilla: en “The National Anthem” es nuestra realidad actual, con eventos plausibles pero altamente improbables; en “Fifteen Million Merits” no necesitamos una explicación y eso ayuda al misterio de la distopía; en “The Entire History of You” podemos inferir en qué clase de sociedad hipervigilada viven los personajes (vaya, hasta es muy real, por la metáfora de los historiales de navegación y todo eso).

Sin embargo, hay preguntas que me surgen en “Be Right Back” que ni la escala más íntima del mundo me va a aplacar. ¿Qué clase de sociedad permite este tipo de tecnología? ¿Por qué no vemos a más gente al lado de estos döppelgangers como si fuera cosa de cualquier día? Por lo que vemos, pedirlos es como pedir una pizza. Entonces, ¿por qué los de correos no tienen ni idea de qué están entregando? Deben estar acostumbrados a cargar cajas así de grandes. ¿Qué leyes existen al respecto? ¿Qué opina Žižek? ¿Qué opina Chomsky? ¿Hawking? ¿Dawkins? ¿El Papa? ¿Por qué ni siquiera está enterada Martha de que esto existía? Esa clase de mierda creepy (porque sí, todo el episodio enfatiza lo creepy que es) debería de haber estado en boca de todos y en absolutamente toda red social desde el día uno. Joder, habría tenido más sentido que el episodio comenzara con Ash viendo su timeline y soltando un “uff, Mary Shelley no escribió un manual de instrucciones, científicos”, o algo así, muy a su estilo de Manic Pixie Dream Boy.

No me voy a creer que en una serie que recalca tanto que estamos en un mundo tan conectado, me vendan una historia donde la protagonista es aparentemente la única en enterarse de esta NUEVA Y TERRIBLE TECNOLOGÍA. Y ni me vengan con que es fábula o alegoría, porque en una escena, el falso Ash afirma que no se puede alejar más de veinticinco metros de su zona de activación, la cual sería la bañera de Martha. “Oh bueno, entonces es algo muy privado, no puede salir de casa, debe haber regulaciones legales al respecto”, pensé. Luego dice “a menos que mi dueño me acompañe afuera”. Y volvemos a los mismos agujeros. Además, si estos androides aprenden lo suficiente, ¿pueden integrarse a la sociedad? ¿trabajar? ¿tener casa propia? ¿casarse? ¿divorciarse? ¿son seres humanos o súper Furbys?

En el clímax, Martha lleva a Ash a los acantilados blancos de Dover, una popular sede de suicidios “románticos”. Martha obliga al androide a arrojarse, pero lo detiene cuando obedece su orden sin protestar porque “Ash no haría eso, Ash lloraría”; entonces el falso Ash llora (gran actuación de Domhnall, sea como sea) y Martha grita al vacío, impactada por la imagen e incapaz de llevar a cabo su plan (¿hubiera sido inducción al suicidio o tan sencillo como arrojar tu celular viejo a un precipicio?). El diablo está en los detalles: Martha llama al falso Ash una imitación, algo creado a partir de cosas que Ash “escribía cuando no pensaba”.

Lo que nos lleva de vuelta al inicio del episodio, con las imágenes de Ash adicto a su celular y a las redes sociales. Sí, hay varias escenas que ahondan en el extrañar a una persona y valorarla por sus particularidades y subjetividades con las que nos hacemos familiares, más allá de sus características superficiales (que era lo que simbolizaba el lunar que el androide podía recrear sin problemas), pero el hecho de que el momento decisivo del episodio diga que el “yo” que mostramos en nuestras redes sociales está formado de rasgos superficiales, en el mejor de los casos se me hace confuso, y en el peor, insultante y de mal gusto. En este último caso, toda la profundidad de la trama —que no es poca— se ve redirigida a una moraleja cliché y mucho menos resonante que el resto de los temas, los cuales se ven abaratados en retrospectiva.

¿Cuál era el punto? ¿Tiene la culpa Martha por aferrarse a las características nimias de su pareja perdida? ¿Tiene la culpa la tecnología por permitirlo? El episodio es como una versión más ambiciosa pero mucho menos centrada de “The Entire History of You”. Mucho shock dramático, escenas de sexo fáciles, y sobre todo, una atmósfera lóbrega de sumo dolor usada como un gimmick para que el graaan manifiesto del episodio sea que pasamos mucho tiempo en nuestros smartphones.

Puedo entender por qué “Be Right Back” le gustó a todo mundo. Sí, técnica y actoralmente el estándar sigue altísimo, y explora su tema de una manera atrevida, pero no puedo opinar nada positivo de un concepto que, aunque interesante (se me han ocurrido tramas similares cuando pienso en nuestra huella virtual póstuma), no tiene coherencia con el mundo en el que toma lugar, y que encima emplea situaciones tan graves, tan humanas, que requieren un trato tan especial, para dar mensajes que cualquier conductor santurrón de televisión puede dar para asustar a tu mamá y que te quite el celular de las manos. Es simplemente desagradable.

Pero qué sé yo, ¿correcto? No pienso que odien lo que yo odio solo porque yo lo digo. Quizá es mi culpa por esperar algo tipo Do Androids Dream of Electric Sheep? y toparme con algo mucho más conceptual. No quiero que sean el yo de hace poco más de un año, que fingía odiar BirdmanInterstellar y Lana Del Rey para sentirse superior. Pero al menos en lo que a mí concierne, aquellos que encuentran este episodio brillante sólo están teniendo sexo con el Domhnall Gleeson de silicón.

 

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2 comentarios en “Black Mirror T2E01 “Be Right Back” (2013)

  1. Recién vi el episodio ayer y es curioso, no pude ver esa moraleja santurrona sobre la falsedad en redes sociales (más bien me pregunto hasta qué punto preferimos creer que somos falsos en Internet), no sé si por causas personales, aunque no veo desde qué otro punto abordarlo, vi más un relato sobre hasta qué punto la sociedad está buscando formas de evadir sentimientos y experiencias incómodas. El duelo por la pérdida de alguien es una experiencia horrible, no importa si era alguien muy querido o no, pero no debería evadirse, curioso que se hable de falsedad en redes sociales si ya nos vendieron en el capítulo anterior la idea de que nuestros recuerdos usualmente están adulterados.
    Por otro lado coincido en que la falla del capítulo va mucho sobre dejar tantos huecos sobre la tecnología, ¿un ser querido sintético es considerado una inteligencia artificial?

    Excelente análisis Zamuthustra

  2. Más allá de lo que has podido decir sobre el capítulo (y que en gran parte, estoy de acuerdo), quería decirte que disfruté mucho leyendo tu escrito, en especial la frase final. Saludos.

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