Garbage (1995)

4.0

Crecer con una educación sexista te deja prejuicios y convicciones irrisorios que ni siquiera eres conciente que tienes hasta que, por ejemplo, pones una mueca involuntaria cuando topas que uno de los grandes álbumes de rock de los noventa tiene una portada color rosa chillón, y la vocalista es una mujer. Hay discos cuya primera escucha jamás voy a olvidar y el debut de Garbage es uno de ellos, pues en los primeros cinco segundos ya había destruido todas mis aprensiones. Había sido impactado por el poder de los riffs en rosa, y no quería salir de ese mundo. El uso de silencios rara vez se escucha (¿o no se escucha?) en el pop, así que la intro de “Supervixen” me voló la cabeza, y me dejó enganchado; en las siguientes canciones me topé con muchas otras sorpresas que actualmente son consideradas innovadoras.

La historia de Garbage comienza con tres amigos: el bajista Duke Erikson, el guitarrista Steve Marker, y el baterista Butch Vig, productor del icónico Nevermind de Nirvana. Cansados de la escena de rock alternativo en la cual estaban inmersos, decidieron crear una banda cuya propuesta Marker describiría como “tomar la música pop y hacer que suene lo más horrible posible”. Había otro elemento que buscaban: una vocalista, una mujer, que tuviera una voz distintiva. Entra en escena Shirley Manson de la banda Angelfish, descubierta por Marker gracias al vídeo de su canción “Suffocate Me”. Manson era una chica escocesa, una auténtica rebelde que desde pequeña no solo recibió clases de música, sino que tuvo conflictos con la autoridad paterna gracias a temas de interés social como la religión. Esta joven, azotada por la depresión, el síndrome dismórfico y la autolesión, crecería para vaciar sus demonios en canciones, y con la madurez, sus opiniones, al grado de convertirse en un icono feminista además de en una gran frontwoman.

Las sesiones de grabación, en particular en torno a la creación de las letras del disco, fueron descritas como terapéuticas por el grupo. El resultado es un filo psicológico que se complementa la agresividad seductora de las canciones, propiedad que le debemos en gran parte a la voz de Manson, un terso, sensual pero agresivo contralto que acaricia fondos que mezclan trip hop, un dance paranoide y un glam decadente, rompiendo estribillos de adentro hacia afuera con puentes improbables y guitarras abriéndose camino como una fiera. Los temas son mitad purga personal y mitad manifiesto social de una manera muy cohesiva: “Queer” es a la vez provocación sexual y aceptación de una orientación alternativa, mientras que “Only Happy When It Rains” es una aceptación irónica pero segura y valiente de la depresión.

Y estos son tan solo los números más comerciales. Cuando el álbum entra en territorios más oscuros, como una confrontación con una expareja abusiva en “As Heaven Is Wide”, la sórdida electrónica sostiene los versos más memorables del disco: if flesh could crawl, my skin would fall from off my bones and run away from here. En las historias de Manson, ella puede haber sido herida, pero nos hace saber que estamos en un terrible error si creemos que demostrará una sola gota de autocompasión o si se echará la culpa. Shirley deja caer todo el ácido a quien lo merece, así esté disfrazado de oveja como en la —muy Massive Attack— “A Stroke of Luck” (you say that you’ll be there to catch me, or will you only try to trap me?). Ella blande sus tendencias depresivas como un arma, y el coro más accesible y agradable, el de la fantástica “Vow”, te dice lo que hará con esa espada. Si acaso alguien va a insultarla y burlarse de su capacidad, será ella misma, como en “Stupid Girl”, que va por la misma onda segura e irónica de “Only Happy When It Rains”.

El sonido de Garbage no niega la femineidad de su portada sino que la empodera. Es un álbum creado con ayuda de hombres, pero con una perspectiva que solo una mujer es capaz de explorar de manera tan elegante, concisa e incisiva en un álbum de rock. Esto, aunado al eclecticismo de la música, vuelve a Garbage un álbum que es en espíritu, punk y contestatario a pesar de que su sonido no lo sea. Ello no significa que sea una escucha suave: toda la segunda mitad del disco (“Dog New Tricks”, “My Lover’s Box” y “Fix Me Now”) es un asalto continuo hasta que llega el descanso de la romántica pero desesperada “Milk”. En otro álbum esta canción pudo solo reafirmar clichés de género, pero al final de este, es el lamento desesperado de una mujer, herida y embaucada, pero inteligente y brava, que espera con paciencia a que alguien digno llegue a su vida.

garbage

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