Jarvis Cocker: Further Complications (2009)

3.5

En el festival Pitchfork de 2008, Jarvis Cocker conoció a Steve Albini, el productor responsable del abrasivo rock de álbumes como In Utero de Nirvana o Surfer Rosa de Pixies. Esto resultó en los dos trabajando juntos en el estudio, y en Cocker abriendo las puertas a su backing band a colaborar con ideas para sus canciones porque se dio cuenta de que “podían rockear”. Further Complications abraza el lado hiperactivo de Jarvis y deja tantito de lado el tono —muy relativamente— serio de su antecesor, sin que la introspección e inteligencia de las letras se vea afectada.

Lo que bien pudo haber sido un paso hacia atrás, es un paso adelante: Further Complications ya no se presta más a comparaciones con Pulp. Este, señores, es el sonido de la mente inquieta de Jarvis, y es una completa locura: el boogie monótono, tambaleante pero arremetedor de “”Further Complications.”” es base de una declaración existencial que compara a las vidas de la gente común con una bolsa de supermercado que se romperá de los manojos. Aunque no lo crean, esto funciona, al igual que muchos, incontables letras en esta canción y en sus diez compañeras donde dobles sentidos y chistecillos ridículos son entregados con tanta picardía y autenticidad que se vuelven simpáticos.

Quizá esto se debe a que adornan temas originados de sentimientos de frustración adulta bastante opresivos. Los dolores del corazón de un hombre de mediana edad son muy diferentes a los de un joven, y Further Complications posee una melancolía que canaliza en frenéticas estampidas instrumentales con guitarras sordas y borrosas acompañadas de saxofones de gusto carnal. Cuando Jarvis habla, canta, o grita descontrolado y desafinado (“Caucasian Blues”), es como si activara una faceta hipomaníaca que se cree capaz de conquistar a una chica de veintitrés (“Angela”) y a una joven guía de museo (“Leftovers”), todo ello perfectamente consciente de su edad (this is no mouth-watering proposition!) pero haciendo gala de un hubris tan deliberadamente patético que resulta carismático (kittens are cute, but a full grown cat can be cuter — “Hold Still”). Jarvis ligando en Further Complications es la bio tonta de Tinder que es tan tonta que solo es posible que la haya escrito alguien inteligente: obviamente, deslizarás tu dedo hacia la derecha.

A fin de cuentas, es un álbum que posee una imagen publicitaria totalmente basada en algo tan culto como la obra de Robert Longo, pero abordada de la manera más estúpida posible. Donde esta yuxtaposición de cerebro y bobería consciente brilla más, es en la balada “I Never Said I Was Deep”, en la que Cocker se llama amoral, lujurioso, maleducado, ignorante, y aún así se las arregla para ganarse el corazón del escucha; es casi como si jugara con nosotros, como si supiera que está por encima y caeremos rendidos ante él (los saxofones haciendo arreglos de balada ochentera son tan cheesy que uno casi se ríe junto con la canción). Leer la letra y mantenerse impávido es imposible; llega tan lejos hasta declarar que no quiere una relación sino un receptáculo (o sea, básicamente un agujero donde introducirse), y todo ello culmina en una “Fuckingsong” completamente maniática que funciona como himno a las urgencias reprimidas de cualquier hombre que no puede conseguir lo que quiere.

Las defensas de Cocker no caen sino hasta la adorable “Slush” y el hermoso closer “You’re In My Eyes (Discosong)”, que también se va directito a la cumbre de sus obras maestras. Sobre una sample de “Rolling Down the Hills” de Glass Candy, cobra vida la historia de un corazón roto en una fiesta que, en su ebriedad o estado alterado cualesquiera, alucina a la bola de disco conjurando a su bella amante perdida. Coros femeninos entran con un I don’t wanna lose you again que revela finalmente el núcleo vulnerable y en busca de redención que ocultaba la brea libidinosa de las anteriores canciones.

En cuanto a álbumes basados en egos masculinos heridos, es impresionante como Further Complications logra ser tan satisfactorio y maduro al abrazar todos aquellos pecados, emociones, e instintos que otros autores menos experimentados buscan idealizar o, peor aún, justificar. Sinceridad ante todo, la picardía es opcional; pocos pueden llevarla a cabo de manera exitosa.

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