Garbage: Strange Little Birds (2016)

4.0

Somos una banda que encuentra solaz en la oscuridad. Siempre lo hemos sido. Cuando nos asomamos a las esquinas oscuras, levantamos las alfombras y exploramos las sombras, ahí es cuando nos sentimos menos ansiosos, porque sabemos a qué nos enfrentamos. Vemos al monstruo a los ojos y sabemos de qué va el juego.

Shirley Manson, 2016

Climas políticos y sociales tan alterados y oscuros solo pueden levantar la furia sónica de una de las bandas de rock alternativo más política y socialmente vocales de los años noventa y los dosmil. Su anterior lanzamiento, Not Your Kind of People, era el alegre regreso del grupo, un álbum que aún se regodeaba en ser una oda a los marginados; Strange Little Birds es un animal herido cuya producción industrial ya no triunfa y se eleva épica sino que sangra y ruge, como la G de guepardo en la portada. Es también, el más parecido al debut de 1995, pero más que un recalentado de viejas glorias, se siente como ese mismo espíritu renaciendo maduro y enardecido en una nueva época.

Desde los primeros segundos, Strange Little Birds te empapa en oscuridad y dramatismo. “Sometimes” abre con secciones de piano y cuerdas dividas por un efecto de sonido opresivo, paranoide; este es el primero de muchos momentos inquietantes en la música, la más oscura que Garbage ha hecho jamás. La canción es pura tensión sin liberación, porque el payoff es cuando entra el segundo tema de manera súbita y violenta.”Empty” es una meditación sobre la inseguridad creativa y el sentimiento de vacuidad que puede asediar a un artista: la protagonista no se siente tan genial como los demás creen, sus ideas mueren en la viña y se siente una farsante; la coda habla de la obsesión con una ambición como si fuera una infatuación romántica (“estoy tan vacía, eres de todo lo que hablo y pienso cada hora del día y de la noche”). Shirley hace un gran trabajo al mostrar que aún artistas consolidados siguen lidiando con esos demonios.

Strange Little Birds es una respuesta al pop plástico de hoy en día, creado por los mismos compositores (“se siente como un monopolio” dice Manson) y que parece siempre estar aparentando felicidad; Garbage también tiene sensibilidades pop, pero a pesar de que las canciones aquí estén repletas de estribillos y ganchos divertidos, están comunicando sentimientos tan difíciles de digerir y la música es tan densa, que la escucha puede ser algo pesada. No se siente un appeal al principio, pero mientras más te pones en sincronía con la cualidad psicológica, más y más descubres, tanto en música como en letra.

Y es que todo lo que pudo haber sido un potencial hit está elevado a la enésima potencia de expresividad. “Blackout” hace que “Push It” parezca un juego de niños, y escuchar a Shirley cantar sobre breakdowns mentales y tragarse fragmentos de vidrio para luego escupirlos es lo único más difícil de escuchar que la violenta guitarra que entra en el puente. “If I Lost You” demuestra que aún una mujer casada y en sus cuarentas tardíos puede sentir los celos e inseguridad física de una muchachita; “Night Drive Loneliness” tiene un aire noir y una imaginería boudoir (I got my high heels and my lipstick / My blue velvet dress in a closet, got my phone in vibrate) que nos recuerda a una Laura Palmer taciturna echada en su cama en Fire Walk with Me. La canción no es sobre un viaje en coche sino sobre aislación, y la night drive loneliness que viene “una y otra vez” es la eterna compañera: la depresión.

La obra maestra del álbum es “Even Though Our Love Is Doomed”, una balada dirigida por un memorable riff de bajo de gusto primitivo. El tema puede ser interpretado tanto como una declaración de amor impasible en una relación entre dos personas que se han hecho daño, así como un manifiesto más global sobre la necesidad de encontrar nuevamente una conexión en un mundo cada vez más polarizado. Absolutamente cada línea que Manson canta —con unas bien calculadas pero naturales texturas— es increíblemente dolorosa, catártica: why we kill the things we love the most / you’re the only thing for fighting for, you’re the only thing worth dying for / can you love me for what I’ve become? Es, sin lugar a dudas, la mejor canción que Garbage ha hecho desde tiempos del debut.

De hecho, lo único que le impide a Strange Little Birds ser el mejor disco que el grupo ha lanzado, es que a veces se siente como Garbage pintado con números: no se juega lo suficiente con algunos temas, como “Magnetized” —e incluso un poco “Empty”—, cuyo coro parece solo elevarse pero no quedarse en la memoria (la letra, sobre estropear relaciones con tus inseguridades, sin embargo, es también brillante, ahí no hay excepciones en el disco). Mejor le va a cosas como “We Never Tell”, donde reluce la concepción combativa del amor de Shirley (this is my time with you, I’m not giving it back).

Sin embargo, si de catarsis hablamos, las últimas tres canciones son la mejor secuencia de tracks que Garbage ha hecho en siglos, y una masterclass en su sonido futurista, trastornado, cambiante. “So We Can Stay Alive” es un manifiesto de supervivencia en tiempos difíciles (our sex, our power, our drive), y se gana su larga duración con un quiebre donde las guitarras rugen y se retuercen como motores furiosos; quizá el momento más badass de todo el álbum.

Con los últimos dos temas, Strange Little Birds “cierra” el arco personal que Manson abrió en el debut. Esta no es una señora hablando de dramas juveniles y queriendo ser como era en los noventas, no, esta es una mujer que ha crecido y ahora puede hablar de todo ello (que aún puede sentir) con otra perspectiva. En “Teaching Little Fingers to Play” Manson ya no pide que la arreglen (¿se acuerdan de “Fix Me Now”?) sino que acepta que acepta su papel en el proceso (I’m all grown up, there’s no one around to fix me now).

There is nothing you could say
To cause more hurt, or cause me shame
Than all the things that I have thought
About myself

—”Amends”

Las líneas de “Amends” (“paces”) son una fuerte apropiación de toda la oscuridad, de toda la vulnerabilidad, con el fin de salir adelante. La canción comienza discreta y se eleva a una escala épica —por primera vez en un tono cercano a triunfal— que remata Strange Little Birds en una nota ganadora e impresionantemente madura. Si este resultara ser el último álbum de Garbage, sería una conclusión perfecta. Ello es poco probable ya que estamos ante una banda que aún derrocha potencial y voluntad para grabar y tocar en vivo, y qué mejor. Solo esperemos que lo que sea que Manson y compañía tengan qué decir después, sea valioso, y llegue a su debido tiempo. Mientras tanto, Strange Little Birds es el mejor álbum de Garbage desde Version 2.0.

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