Gorillaz: The Fall (2010)

3.0

Gorillaz ha forjado su leyenda a base de transgredir la norma pop e innovar en su creación y entrega, y desde esa perspectiva, The Fall lleva la antorcha de manera tan digna como los pasados álbumes. Grabado y producido enteramente en un iPad y más que nada a base de aplicaciones (con algunos toques de guitarra acústica, teclado e incluso qanun, un instrumento de cuerdas de Medio Oriente), este álbum es un trabajo admirable que, de haber sido lanzado por un nuevo nombre y no por uno consolidado, hubiese hecho que todos nos maravilláramos por su potencial artístico.

The Fall es un diario sonoro de las experiencias y sensaciones de Damon Albarn durante la gira de Plastic Beach por Estados Unidos. Las canciones tienen nombres de ciudades o referencias visuales muy americanas, y apreciar la atmósfera que Damon creó inspirado en cada una es un ejercicio interesante: la morriña de “Revolving Doors” inducida por la imagen de las puertas girantes de un hotel; las bolsas de plástico en la autopista, frágiles y sin rumbo, en “Little Pink Plastic Bags”; el monstruoso y burdo rugir de “Hillbilly Man”; parece todo una continuación del recurrente tema de la aislación en la obra de Albarn, que aparecería desde Blur (particularmente en The Great Escape) hasta culminar en el apasionado pero taciturno disco solista Everyday Robots de 2014.

Entonces, ¿en qué se diferencia The Fall de un solista de Damon? Si bien los álbumes de Gorillaz se podrían reducir a ser llamados trabajos solistas bajo una fachada, es más exacto hablar sobre Gorillaz representando un enfoque musical en lugar de cuatro músicos de caricatura: dejar que la música, que las texturas hablen, cediendo a ella el protagonismo así como a las colaboraciones (que en este caso son pocas: un anónimo Mick Jones y un siempre bienvenido Bobby Womack). Además, no hay lore ficticio tras The Fall más que el que la portada sugiere, con un 2D (Damon) en completa soledad en su estudio, con un paisaje urbano (probablemente americano) asomándose tras la ventana.

Si bien The Fall es una declaración artística sólida, como álbum es donde muestra flaquezas. Su sonido crudo es parte de su identidad, pero en gusto uno se pregunta donde está el resto del sazón: es imposible no escuchar estos soundscapes e imaginar que aquí pudo haber un arreglo más ambicioso como en Plastic Beach, o acá un puente, o por allí una melodía vocal. Sin embargo, trabajar más esto en un estudio hubiese sido perder lo que en concepto lo vuelve un logro tan grande.

The Fall es una obra hecha para ser escuchada del mismo modo que fue creada: en el camino. Las ideas musicales de cada tema son agradables pero se difuminan y se van de la memoria tan pronto llegaron, como un hermoso pero fugaz paisaje visto por la ventana de un auto en movimiento.

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