The Last Shadow Puppets: Everything You’ve Come to Expect (2016)

3.5

Muchas cosas pasaron en los ocho años entre The Age of the Understatement Everything You’ve Come to Expect. Si bien Miles Kane en entrevistas dejaba claro sus ánimos por empezar a grabar el nuevo disco de The Last Shadow Puppets lo más pronto posible, Turner tenía otros planes. La segunda década del siglo XXI lo vio pasar de chico prodigio del indie a ser la estrella de rock más grande de su época. Con Suck It and See reinventó a Arctic Monkeys, enriqueció Submarine de su colega Richard Ayoade con sus canciones acústicas y, finalmente, AM de 2013 tuvo un éxito comercial y crítico tan masivo que pasó a ser un clásico instantáneo.

Miles Kane, mientras tanto, había lanzado un par de álbumes solistas que fueron amados más que nada por el fandom más underground y completista de la escena; no se convirtió en una estrella, pero sí en el amigo de la estrella. En 2014, ambos quedaron libres de sus proyectos principales y, en vista del estatus de culto que The Age of the Understatement había adquirido en todo ese tiempo, ambos pusieron manos a la obra al canto de the time has again.

Pero ya eran diferentes personas. Rozando los treintas, el dúo ya no era un par de amigos de 22 años obsesionados con Scott Walker y Bowie, tocando en garages y circuitos bohemios, andando con sus novias de la adolescencia a las que les dedicaron tantas canciones. No: ahora viven los dos en California, han tocado en los lugares más glamurosos, y tienen nuevas novias con canciones esperando para ellas. Miles Kane ha abandonado su look de wannabe de Alex y se ha rapado completamente: estamos ante un chico rudo que coquetea con las entrevistadoras. Mientras tanto, Alex ha pasado de ser el niño guapo-por-debajo-del-acné a ser un sex symbol con el pelo envaselinado y que tiene una actitud desinteresada y rebelde, caderas locas y una voz grave.

Pero aquí está lo interesante: en realidad, no se toman tan en serio. Lo cual es una bendición, porque lo último que querríamos escuchar sería lamentos de niños blancos con un valor de ocho billones (al menos en el caso de Turner). Alex en particular parece casi rebelarse ante su estatus de galán siendo sexy haciendo estupideces: es hiperactivo en el escenario, brinca, se tira al suelo, juega con los demás miembros del grupo y cambia sus letras para hacer chistes (cuando no tienen ya el chiste incluido). Con discos como AM…Like Clockwork Trouble Will Find Me, el indie rock tuvo su último momento en las marquesinas en 2013. En una escena donde todo el clamor se lo llevan álbumes de hip-hop, R&B y demás música negra socialmente consciente, que dos ingleses ricos viviendo la buena vida se tomaran en serio y quisieran protagonismo sería una grosería.

Alex y Miles son personajes muy discretos con sus opiniones, pero se nota que al menos de manera inconsciente, saben todo esto. La facha de lotharios que adoptan en Everything You’ve Come to Expect es casi autoparódica. Los gritos de Kane en el celoso bolero enardecido de “Bad Habits” son hilarantes. El vídeo del title track los tiene a ambos enterrados hasta el cuello en arena y acosados por una chica sexy bailando grácil; no los ayuda, y el vídeo corta antes de que una monstruosa ola los impacte de lleno. El de “Miracle Aligner” abraza por completo el shipping homoerótico que el fandom construyó durante sus ocho años de ausencia, y los tiene bailando en un palacio con la cara pintada de naranja al estilo de Trump.

En el escenario, las cosas se tornan aún más socarronamente candentes. Se abrazan, se besan, se manosean. Esto aunado a las narrativas intensamente heterosexuales en la música —”She Does the Woods” es una increíble poetización de una idea que tendría un puberto caliente de doce años— crea un contraste andrógino que resulta en una experiencia divertidísima. Todo esto no devalúa a la música: las confecciones pop están hechas con una mano de experto e incluso hay lugar para polirritmos (“The Element of Surprise”) y pequeños atisbos de ruido sinfónico (“Bad Habits”) y solos sucios al estilo de Humbug (“She Does the Woods”). Las letras son tan excelentes como siempre a pesar de abrazar más el humor, siendo el más grande ejemplo la bellísima, majestuosa “Sweet Dreams, T.N.”, una carta de amor de Alex a su novia Taylor Bagley, que creció en Tennessee: baby we ought to fuck seven years of bad luck out the powder room mirror, le dice en la modulación final que lleva hacia un explosivo clímax orquestal, no sin antes seducirla con un the idea that you existed all along’s ridiculous.

Y no, esto no es todo lo que había llegado a esperar; con un proyecto tan ambicioso como TLSP, uno se imagina que el siguiente paso es crear una obra más seria, más experimental, más compleja. Everything You’ve Come to Expect es casi un chiste irónico que voltea a ver hacia toda la discografía, se burla de sus autores, y no oculta sus influencias: se puede escuchar “Alone Again Or” de Calexico en “Aviation”, “Swingin’ Party” de The Replacements en “Miracle Aligner” y “Running Scared” de Roy Orbison en “Sweet Dreams, T.N.”. Esta levedad, sin embargo, también le brinda al álbum una profundidad y sinceridad palpable que está ahí, oculta bajo los cadereos y el hibris de ardido de “Used to Be My Girl”: hay vulnerabilidad en la derrotada “Pattern”, en la básica pero nostálgica “The Dream Synopsis” —que pinta un escenario burgués pero deliciosamente onírico— y sobre todo, en el track adicional “The Bourne Identity”, una exploración de un ego “con fondo de cristal” que se siente “como la secuela que quieres ver, pero hubieras querido que nunca se hiciera”. El hecho de dejar un tema tan abierto sentimentalmente al final, escondido, y ponerle un nombre tan tonto a pesar de haberle podido poner “Glass” o algo más serio, solo refuerza la ironía que The Last Shadow Puppets le han puesto a su exploración de la psique del rockstar privilegiado.

Para hacer un símil pop como los de Turner, Everything You’ve Come to Expect es el equivalente a Tony Stark en Iron Man 3, bromeando después de abrir su maltrecho y adinerado corazón. Everything You’ve Come to Expect puede ser una decepción para aquellos que esperaban más ambición. Ciertamente pasó desapercibido por el mainstream y, en ese caótico 2016, no pudo haber pasado de otra forma. Y aún así, es tan disfrutable e infeccioso, tan autocompasivo y romántico a la vez que arrogante y promiscuo, y tan grandioso en sus arreglos, que se vuelve adictivo.

Quién sabe cómo sea reevaluado en un futuro. Quizá todos capten su encanto, quizá no. Si The Age of the Understatement era el Bond de Connery, Everything You’ve Come to Expect es el Bond de Moore. No es todo lo que había llegado a esperar, pero sí todo lo que he llegado a apreciar. De hecho, mientras escribía esto ya lo escuché otra vez. Sorry not sorry.

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