Franz Ferdinand (2004)

4.0

Franz Ferdinand es una banda escocesa que surgió de la unión de Paul Thomson de Pro Forma —un trío de dance con un filo punk— con Alex Kapranos, un guitarrista que tocaba en varias bandas underground durante los años noventa. Alex le enseñó a su amigo Bob Hardy a tocar el bajo, y se les unió el coguitarrista Nick McCarthy, quien aprendió jazz en 2001. Dentro de la escena de revival del garage/post-punk durante los dosmil, Franz Ferdinand son de los músicos más competentes y que mejor supieron estructurar sus canciones: su EP debut Darts of Pleasure impresionó ejecutivos y pronto vino el debut homónimo, un pequeño clásico que se perfila como el disco más bailable y sexy de la época.

Los “dardos de placer” de los que Kapranos habla en “Darts of Pleasure” son las palabras; es una canción sobre seducción, pero todas las del disco podrían serlo. Si bien los intensos grooves del grupo propelen a las canciones, volviéndolas perfectamente disfrutables sin tener que analizarlas, las letras muestran una galantería relajada y fluida, natural, propia de alguien que ni siquiera tiene que forzar su sex appeal con una chaqueta de cuero y gafas oscuras para ser encantador. Los miembros de Franz Ferdinand lucen como una banda estudiantil pero tan pronto comienzan a rasgar sus guitarras en perfecta sincronía —y tan pronto se escucha el barítono fuertemente acentuado de Alex— son capaces de derretir a toda una audiencia.

Franz Ferdinand comienza discreto y acústico para luego impactar de lleno con el primero de muchos coros que uno se termina aprendiendo casi de inmediato. “Jacqueline” es una oda al hedonismo juvenil que se puede permitir trabajar solo cuando “necesita el dinero”. Este espíritu despreocupado se encuentra en el cínico humor autodespreciativo del himno “Take Me Out” (I know I won’t be leaving here with you) y llega a un extremo flexibilizando la sexualidad del protagonista en la hiperdinámica “Michael”, oda a los “hermosos chicos” de “pegajosas caderas” y besable barba en la pista de baile. Todas las canciones poseen el encanto funky de “Girls and Boys” de Blur —la preciada melodica estilo Albarn hace su aparición en “40′”—, y Kapranos da una cátedra en métrica a futuras bandas con fórmulas similares, como Arctic Monkeys (quienes recrearían el feel de este debut con AM en 2013).

Franz Ferdinand no es el disco más profundo ni el más ambicioso de la época, pero no pretende serlo. Tomarse demasiado en serio menguaría el impacto visceral y fiestero de estas canciones, así que no hay jams o improvisaciones, pero sí teclados etéreos (“Auf Achse”, “Come on Home”) que sirven de fondo para la dinámica quiet-loud-quiet que emplean las canciones. Te seducen con sus versos suaves, luego impactan de lleno con violentos coros punk. Dentro de su elemento, Franz Ferdinand es casi insuperable.

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