The Libertines (2004)

4.0

The Libertines se comenzaron a perfilar como la leyenda de la música británica de los dosmil después de que su álbum debut Up the Bracket ganara un estatus de culto instantáneamente. Por el otro lado, el dúo de Pete Doherty y Carl Bârat resultó ser la relación de frontmen más apasionante públicamente desde las escaramuzas noventeras de los Gallagher: no son hermanos, pero son amigos que se aman profundamente, casi como si su rol en la banda fuera la de un matrimonio, con todos los roces que eso conlleva. Esto no es un mero bromance, es realmente una conexión espiritual de las que rara vez se ven en figuras públicas.

De cierta forma, el hecho de que The Libertines sea el disco homónimo es una especie de homenaje a esta relación. Es la historia del auge y la caída del grupo. No se necesito más que un álbum para que la narrativa quintaesencial del rock ‘n’ roll de las drogas y el hedonismo entrara en acción para el siglo XXI. Pete Doherty se convirtió en un usuario de crack y heroína tan preocupante que comenzó a lastimar a la banda pero a la vez a rodearla de esa mystique de la vida del rock ‘n’ roll que es el equivalente mediático a fumar solo para verte apuesto. Para sanar heridas, invitó a Carl a tocar un concierto especial para celebrar su amistad, pero este faltó por estar en una fiesta con sus demás amigos; Doherty perdió el control, se rehusó a seguir tocando con The Libertines, robó el apartamento de Bârat y terminó en prisión por dos meses.

Bârat eventualmente terminó esperando a su amigo en las puertas cuando terminó su breve condena. Doherty diría que ese acto salvó su vida, y se embarcaron en una pequeña gira con conciertos altamente emocionales donde la audiencia terminaba volviéndose loca e invadiendo el escenario. La revista incluiría a estos shows en su top 100 de los mejores de la historia. Sería en el Freedom Gig en Chatham, Kent, en octubre de 2003, cuando ese pequeño y maravilloso momento en el que Bârat cubre a su alma gemela en un gesto casi maternal se captaría en cámara; la imagen de la carátula de The Libertines es una de las más pervasivas e icónicas en el rock de este siglo XXI.

Cuando finalmente pudieron llegar a una situación de estabilidad —entre comillas, porque tenían seguridad en el estudio para evitar pelearse a puños—, Mick Jones volvió para producir el siguiente álbum. No hay mucha diferencia con su enfoque excepto porque este álbum tiene algo más de claridad y menos cualidad de garage, pero sigue siendo punk: por ejemplo, el set comienza de golpe con los últimos segundos de una toma anterior, una creativa forma de presentar el disco. “Can’t Stand Me Now” se convirtió en el hit más grande del grupo y en el dulce epítome de la relación amor-odio de sus frontmen. El cencerro que adornaba el final de “Vertigo” aparece aquí al principio, y una armónica aparece al final para darle pathos a la consciente declaración a doble voz de que estas personas no se soportan.

The Libertines es un trabajo más calmado y menos desenfrenado que su antecesor. Donde las melodías del debut eran rápidas y cambiantes, aquí se desenvuelven más lento. Casi odias a los risibles falsetes de “Don’t Be Shy” por volverse pegajosos tan rápido. Si me hubieran dicho que “The Man Who Would Be King” es un cover de The Smiths, no lo hubiera dudado ni por un segundo. “Music When the Lights Go Out” es un rewrite de “Green Circles” de The Small Faces con un riff añadido para darle personalidad. Después de eso, el disco acelera con “Narcissist”, que hace lo mismo con “You Really Got Me” de The Kinks. “The Ha Ha Wall” posee un solo de guitarra brevísimo pero que es la definición misma de lo electrizante, el momento más vivaz del álbum.

Doherty no crea la racha de cuentos memorables que hizo con las letras de cada canción del debut pero se logra apuntar una que otra crítica social bastante aguda. “Arbeit Macht Frei” se traduce como “el trabajo te libera”, un anuncio que los nazis ponían en los campos de concentración. La canción es casi una respuesta a “Guilty of Being White” de Minor Threat y va sobre la hipocresía del hombre blanco y hetero: Her old man / He don’t like blacks or queers / Yet he’s proud we beat the Nazis… / How queer (su papá / no le gustan los negros o los raros / pero está orgulloso de que derrotamos a los nazis… qué raro). También se logra mandar esta joya en “Campaign of Hate”:

Poor kids dressing like they’re rich (mods)
Rich kids dressing like they’re poor (Oh my God)
White kids talking like they’re black
Well I tried it with Charlene
And I spent 3 days on my back

La estrella luminosa del álbum es “What Katie Did”, un doo-wop romántico con un amante que ve “polka dots” (un patrón de puntos de colores) en el cielo desde que su chica se fue. De inmediato regresamos a la historia de Doherty/Bârat con “Road to Ruin”, que parece casi un testarudo Doherty defendiendo sus vicios (no I ain’t got a problem / It’s you with the problem). “What Became of the Likely Lads?” se pregunta qué pasó con los sueños de dos chicos con potencial, y su melancolía es tal que se detiene para pasar a ser un pequeño lamento acústico que cierra el disco. The Libertines llegaron a su fin en diciembre de 2004, medio año después de que este álbum vio la luz. Doherty ya ni siquiera estaba participando en los shows en vivo. Eventualmente regresaron en 2010 y las cosas parecen ir mucho mejor entre los dos. Al final, la verdadera clave de esta historia se encuentra en la segunda canción de este disco, “Last Post on the Bugle”:

If I have to go
I will be thinking of your love
Oh somehow you’ll know
You will know
Thinking of your love

libs2004

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