Lana Del Rey: Born to Die (2012)

3.5

Lana Del Rey fue el primer gran fenómeno viral femenino del pop de la segunda década del siglo XXI. “Video Games” dejó al séquito indie del Internet encantado con su estética vintage, augurio de una era de filtros de Instagram y coronas de flores en festivales de música. El personaje que Elizabeth Woolridge Grant —guitarrista, tecladista y cantante desde la adolescencia— creó para canalizar sus crisis de la adolescencia con el alcoholismo y relaciones tóxicas se nutría de sus fijaciones con la americana de los años cincuenta y su fanatismo por música art-rock que no hace, pero sí referencia desde la primera canción de su debut internacional, Born to Die, donde invita al escucha a dar una caminata por el lado salvaje, como Lou Reed.

La llegada de Lana al mainstream no estuvo libre de controversia. Su efervescente ascenso la llevó a ser la segunda artista en presentarse en Saturday Night Live sin un álbum en el mercado desde Natalie Imbruglia en 1998, y el resultado fue desastroso. Una Lana con pánico escénico se movía torpemente por el escenario y desafinaba con la que es ahora una voz ahora icónica basada en las divas de antaño, con un color seductor y una entrega airosa y sensual básicamente inimitable a menos que lo hayas estado practicando tanto tiempo como ella.

Pero ese sería el menor de los problemas. Lana se declararía “antifeminista” pues, según ella, estaba más interesada en la ciencia y la filosofía como para ponerse a leer de feminismo, y tal afirmación no le haría un favor a las críticas que tildarían Born to Die como misógino (y eso que todo fue antes del auge de la guerra de la gente woke contra los alt-right). Ello no impidió que el álbum se volviera un clásico de culto de manera casi instantánea y sonara en toda tienda en la que pusieras pie por meses; le pese a quien le pese, Lana, aún a través de una estética basada en la nostalgia, es una de las grandes modeladoras de la cultura pop de esta década.

En este álbum hay líneas que pueden hacer que hasta el menos feminista restriegue los dientes, sí, pero no hay que olvidarnos del concepto detrás de la obra. Born to Die se regodea conscientemente en su nihilismo boho y su plasticidad, con Lana dándole vida a su viejo yo de la adolescencia con una figura Lolita que idealiza las relaciones con hombres mayores e incluso el maltrato por el que muy probablemente pasó —creando de paso el meme actual del sugar daddy—. Born to Die es una caricatura que sería más problemática si no estuviera escrita y producida con el entusiasmo de contemporáneas como Regina Spektor o Fiona Apple. Es un álbum donde cada canción tiene una línea que se ha quedado en la memoria colectiva de las redes sociales —incontables imágenes de Tumblr e Instagram—. Es una racha de hits de la que están hechos los clásicos.

“Summertime Sadness” fue la canción que conquistó la radio, pero los seis minutos de “Off to the Races” son la joya de la corona. La canción más divertida de Lana Del Rey establece sus subtonos hip-hoperos y adorna un memorable estribillo con un puente donde su voz se va hasta lo más agudo y adorable (cuando Lana canta starlet, scarlet, singin’ in the garden es imposible no caer a sus pies). Las rimas tan clichés y fáciles pero tan efectivas de “Blue Jeans” (I will love you ‘til the end of time…) se vuelven memorables (el you fit me better than my favorite sweater es una gran línea por donde se le vea, eso sí). Lo mismo ocurre con el do you think we’ll be in love forever? de “Diet Mountain Dew”.

La leyenda de Born to Die es una repleta de opiniones divididas y, si bien se han lanzado álbumes con mucha más consciencia social, no se puede negar que, aún entrando a un territorio riesgoso, es loable el hecho de que Lana confronte sus demonios de frente en canciones como “This Is What Makes Us Girls” así los termine inyectando de romanticismo. Se puede debatir mucho sobre el feminismo (o ausencia de) en estas canciones, pero no su realidad emocional. Quizá el mejor ejemplo es mi favorita personal, “Radio”, un breve descanso triunfal de la oscura fantasía de Lolita (que llega a su nadir en la sensual “Carmen”) donde Lana parece hablar desde una madurez más actual, retando a su viejo amor tóxico con el hecho de que ahora todo mundo la ama como él no lo hizo. Es satisfactoria y, a pesar de que Lana se sexualiza, es imposible no apoyarla en su narrativa.

Born to Die está en una zona tan gris que se puede analizar a su favor o en su contra de manera igualmente convincente, pero lo cierto es que como conjunto de canciones es un éxito. Le brindó en un santiamén la fama a una muchacha que había sido persistente por años para lanzar su carrera musical, y que ha estado evolucionando como artista de manera muy respetable desde aquel entonces. De cualquier modo, Born to Die es ese debut donde si bien no hay tanta experimentación como en sus futuros discos, ninguna canción es relleno y todas se han quedado impresas en la mente de miles de personas.

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