Lana Del Rey: Honeymoon (2015)

3.0

Contrario al cliché popular, Lana Del Rey nunca me ha parecido aburrida. Por supuesto, si estás acostumbrado a la vertiginosidad a veces descerebrada de mucho del pop, el músculo sutil de Ultraviolence podrá parecer un somnífero. El tercer disco, Honeymoon, es básicamente la pesadilla de los detractores, cambiando las guitarras eléctricas del anterior por más teclados, más cuerdas y reduciendo el trip hop del debut, creando un pop que roza el ambient y parece la música de fondo de una comedia romántica indie con setting en California. Es una especie de beach gothic para escuchar en un estado de relajación hedonista total, como en los escenarios mismos de las canciones.

Irónicamente, en la crítica, Honeymoon no tuvo el efecto de despertar más reseñas crueles sino de darle credibilidad a Lana Del Rey, ya que su instrumentación y producción más rica (y la muerte del hype, de verla como una novata) hicieron que de repente todos abrieran los ojos y dijeran “hey, esta chica no es tan mala”. Rápidamente pusieron a Honeymoon como su mejor trabajo hasta ahora. Ahí yo estoy en desacuerdo: es ciertamente la expansión más grande de su estilo, pero también es el más largo (dura una hora completa) y las ideas que no están tan desarrolladas vuelven del todo algo que puede ser pesado de digerir. Hay coros que uno siente pudieron haber continuado una línea melódica más interesante, y aquí la limitada capacidad vocal de Del Rey queda a deber.

Pero fuera del hubiera, no tenemos realmente un fracaso. Honeymoon demanda más repeticiones que cualquier otro disco. No hay una “West Coast” que llamará tu atención con una batería fuerte y un groove marcado: todo parece estar ralentizado, con pequeñas sugerencias de jazz acentuando en la distancia. Es música de drogas, para dar una descripción muy ad hoc a toda la estética tumblr-lolita-delreyiana. La mejor decisión es abrir con el title track, el tema más lento, que poco a poco se desenvuelve y hace que el escucha ponga la atención que necesita para enfrentarse al disco. Los siguientes recompensan con estribillos infecciosos como el de “Music to Watch Boys To”, e incluso hay un guiño a David Bowie en la coda de “Terrence Loves You”.

Honeymoon es un caramelo de efecto retardado, claro está. Rumbo a la segunda mitad pierde el flow, en parte gracias a experimentos como “Burnt Norton (Interlude)”, una recitación de un (escalofriante) poema de T. S. Eliot con un fondo que raya en el vaporwave. Es este tipo de momentos “¡no puedo creer que esta sea Lana Del Rey!” (¿qué hay de ese cover minimalista de “Don’t Let Me Be Misunderstood”, eh?) los que hicieron que Honeymoon recibiera más amor que sus antecesores, a pesar de no poseer el mismo momentum. La belleza de Honeymoon está en los pequeños momentos, en los vientos de “24”, el mellotron (tocado por Lana) de “Freak”, el trap discreto de “High by the Beach”, que también posee la línea más rebelde de Lana a la fecha: “you could be a bad motherfucker/but that don’t make you a man” (“podrás ser un malote/pero eso no te hace un hombre”). En todo sentido, Lana va hacia adelante como artista, lenta pero segura.

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