Lana Del Rey: Lust for Life (2017)

3.0

A veces los críticos no entienden cuando un artista está recurriendo a clichés y lugares comunes a propósito. La naïveté embebida en un título como Born to Die es parte de una estética, que a su vez es parte de la narrativa que Elizabeth Grant usó para forjar la historia de Lana Del Rey; ya en sus treintas, Del Rey debe crecer. ¿Cual es el lema opuesto a un cliché como “born to die”? Lust for Life, por supuesto. El título es, más que un guiño a Iggy Pop, el contrapunto de su álbum debut, junto con la portada, con una Lana Del Rey por fin sonriente.

Esta positividad se traslada a la música y el resultado es el material más animoso y edificante de la cantante hasta ahora. Si, en términos de cultura de Internet, sus álbumes anteriores eran el equivalente a la tristeza tumblriana, Lust for Life es un meme wholesome. En “Love” Lana vira hacia el chamber pop y se muestra consciente de su audiencia, quien usualmente recurre ha ella para tener su tristeza reafirmada; aquí Lana decide ayudarles de otra forma:

Look at you, kids, you know you’re the coolest
The world is yours and you can’t refuse it
Seen so much, you could get the blues but
That don’t mean that you should abuse it

—”Love”

Las últimas líneas pueden sonar acusadoras, pero en contexto, son dulces y un recordatorio de que, si bien está bien sentirse así, idealizar la propia tristeza es un freno al final del día. Esto nos deja más que claras la evolución y maduración de Lana Del Rey y me bastó para tener una sonrisa como la suya desde que empezó el disco. Esta se mantuvo en mi rostro con la infinitamente adictiva “Lust for Life” donde el falsete andrógino de The Weeknd hace una dupla deliciosa con lo airoso de la voz de Lana; ya tengo dos canciones con ese título en mi playlist y ningún problema con ello.

Como Honeymoon, este es a veces un disco de sutilezas. El mejor ejemplo es “13 Beaches”, una canción que al principio parece insulsa pero luego demuestra que su mejor parte es el melisma del puente (“that I’ve been dy-y-yiiiing”). Y como en Honeymoon, estos juegos a veces no funcionan. “White Mustang” es tan reiterativa que no va a ningún lado. Las colaboraciones con A$AP Rocky están a medio cocer, y “Cherry” resulta un mucho mejor regreso a las raíces trip-hop de Lana Del Rey: pudo encajar perfectamente en Born to Die. También “In My Feelings” da en el clavo, con tantito de Lorde en los backing vocals falseteados y con una línea sumamente satisfactoria para quienes se la han pasado llamando a Lana una teatrera: “I’m feeling all my fucking feelings”.

En efecto, puedes estar en desacuerdo con el modus operandi de un artista, pero yo lo pensaría dos veces antes de cuestionar su sinceridad emocional siendo que yo no fui el autor de las canciones. Y así como podemos estar seguros de que Lana está sintiendo todo lo que canta (y alguna vez cantó), también tenemos que tomar en cuenta los otros mensajes del disco. A diferencia de artistas como Katy Perry (que hicieron un bardo ridículo anunciando que tocarían el tema político), Lana se mantiene al margen pero comenta sus impresiones. En “Coachella – Woodstock in My Mind” se pone a pensar en los jóvenes que usan coronas de flores a los que les está cantando, y lo que pasará con sus hijos, y los hijos de sus hijos. Por supuesto, son problemas de gente blanca, pero al menos se mantiene consciente de eso también en “Beautiful People Beautiful Problems”. De una manera algo risible, pero hey, es algo.

Al final, claro, lo mejor es no pensarlo demasiado y aceptar lo que hay. No venimos aquí esperando escuchar la profundidad de Kendrick Lamar. Pero ya que llegamos a esa canción es hora de hablar del momento más orgásmico del disco: cuando Stevie Nicks entra con su estrofa. Y la delicia beatlesca que es “Tomorrow Never Came” con Sean Ono Lennon (quien recibió el amor de todos en Twitter por esta colaboración). Es tan bonita que le perdono a Lana el momento de celebración fangirl en la letra:

And I could put on the radio
To our favorite song
Lennon and Yoko
We would play all day long
Isn’t life crazy, I said
Now that I’m singing with Sean

—”Tomorrow Never Came”

Sí, bueno, disfrútalo, Lana. Ya eres una artista con la popularidad y el renombre suficientes como para llamar a nombres de ese tamaño y que asistan al estudio. Es una lástima que no haya ocurrido desde antes, pero hey, las cosas van a su tiempo. Lust for Life representa otra expansión más su sonido, y el mejor ejemplo es el closer “Get Free”, una mezcla de “Creep” de Radiohead y “Heathen (The Rays)” de David Bowie a través de un filtro de Instagram, improbable pero bastante catártica. Es el final de un disco que dura diez minutos más que Honeymoon (dejándolo en una jugosa hora con diez minutos) y vale, sobran tracks, pero al menos esta Lana sonriente nos quiere dar la mayor cantidad de material para que los fans tengamos de sobra por un año o dos. Como no amarla, en serio.

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