The National: Sleep Well Beast (2017)

3.5

“Ntl.” reza cada publicidad de Sleep Well Beast, en una tipografía azul y cuadrada, casi robótica y melancólica, muy ad hoc a como abre el disco, con el trance casi soporífero de “Nobody Else Will Be There”. Cuando nos rendimos a él, “Day I Die” llega como un rock sencillo pero con muchas variaciones rítmicas, con un coro lánguido pero hímnico en los términos propios de la banda. A diferencia de Trouble Will Find Me (saturado de este tipo de bangers taciturnos), Sleep Well Beast opta por un contraste en el tracklist de calma y energía, la primera casi impenetrable y la segunda tan explosiva como esos viejos rockers en Alligator. Cuando ambas se juntan, el resultado es una sorpresa visceral, como en los inolvidables “I can’t explain it…” de “The System Only Dreams in Total Darkness” o el clímax inesperado de “I’ll Still Destroy You”.

Pero es probable que poco de eso sea captado a la primera. Es el caso con The National: desde la misma voz de Matt —quien parece ir hacia abajo cuando la mayoría de los cantantes van hacia arriba—, es todo una sutileza tan engañosa que hasta parece que no hay esfuerzo en escribir estas canciones. Pero poco a poco comienzan a florecer: ahí está el verso, ahí está el coro; encontramos el color entre la entrega vocal plana pero expresiva. “Walk It Back” es el primer gran reto, y si le ponemos más atención aún, encontraremos que la voz que suena en segundo plano es una cita del republicano Karl Rove, el estratega de la era de Bush padre:

Somos un imperio ahora, y cuando actuamos, creamos nuestra propia realidad. Y mientras tú la estudias y la juzgas, nosotros actuaremos de nuevo, creando más realidades, que puedes estudiar también, y así será. Somos los actores de la historia, y ustedes, todos ustedes, solo se quedarán ahí para estudiar lo que hacemos.

Esta aterradora y vil cita sobre un doblepensamiento orwelliano es básicamente el modus operandi de los voceros del régimen de Donald Trump y la denuncia más explícita del álbum. Resulta sorprendente como una banda que literalmente tiene el nacionalismo estadounidense en el nombre (y cuyas letras están tan salpicadas de americana) no consiste en una bola de republicanos sino en artistas sensibles, caritativos y políticamente activos. Sleep Well Beast nunca cita nombres y nunca vuelve a ser más directo, salvo quizá en la iracunda “Turtleneck” y sus burlas a un “genio” (dicho con sarcasmo) rico en malos trajes, y aplaudido por la población.

Pero qué nos queda, qué nos queda así citemos nombres o no en canciones, más que melancolía. El estado emocional de Sleep Well Beast es tanto un reflejo de su tiempo como una terapia personal para Matt y su esposa Carin (a quien en Alligator Matt se refirió como “Karen”), quienes parecen tratar sus problemas escribiendo letras increíblemente oscuras con los peores escenarios posibles para su matrimonio: “Guilty Party” es la mejor de los slow-burners aquí, una canción de cuna dolorosa a la que le sigue un lamento á la “Pink Rabbits” llamado “Carin at the Liquor Store”. De hecho, Matt estaba tan fascinado con la música de “Pink Rabbits” que afirmó haber escrito varias versiones; esta quizá podría ser una de ellas. Es como su hermana gemela que parece terminar antes de explotar por completo. Recuerden: aquí la regla es la mesura.

Como siempre en cada álbum de The National, hay uno o dos momentos donde el amor toma protagonismo. En este caso es “Dark Side of the Gym”, que abraza toda la vibra de banda de estudiantes que tiene The National para hacer un número de baile, de prom, de boda: “I have dreams of anonymous castrati singing to us from the trees/I have dreams of a first man and a first lady singing to us from the sea”, canta Matt con unos coros femeninos haciéndole dupla. La canción colapsa en la segunda repetición de ese hermoso tema, parece reemerger en cuerdas, pero lo que obtenemos es la canción más autoindulgente: el title-track, The National en un extremo expresionista plano y oscuro, con un Matt bajando hasta el infierno, donde hay sonidos electrónicos de aguas Radiohead. Pero también suena determinado ante esta bestia, sea una emocional, política, o ambas: “I’ll still destroy you, sleep well beast, you as well, beast”.

Uno casi desea que en ocasiones Matt sonara más extático o que algunas de las más dulces continuaran en lugar de colapsar, pero este es un disco sobre derrotar a un monstruo, y tenemos que hacer nuestro propio trabajo al escucharlo. Sleep Well Beast es exigente, pero es un trabajo meticuloso aunque carezca de inmediacía, quizá el logro artístico más respetable de The National desde Boxer. Es el ejemplo de una banda que, tras llegar a la cumbre de su estilo, ahora pasa el tiempo deconstruyéndolo y reinterpretándolo de manera quizá aún imperfecta, pero exquisita.

Sleep Well Beast Cover Art

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