The Killers: Sam’s Town (2006)

3.0

Cada vez que un artista hace un álbum para “salvar el rock”, el resultado es, paradójicamente, conservador y predecible, sin hacerle ningún favor al género más que para nostálgicos que idealizan los sesentas, setentas y ochentas. Sam’s Town está manufacturado para agradar a esa demografía, así que estas doce canciones toman tantas influencias de tanto stadium rock (U2, Tom Petty, ELO, Dire Straits) que el resultado es tan fatuo y exagerado, que da la vuelta completa y regresa a la casilla de lo aceptable. Por más que Brandon Flowers haya estúpidamente declarado que este álbum “mantendría el rock ‘n’ roll a flote” (sus contemporáneos hicieron más) y que sería “uno de los mejores álbumes de los últimos 20 años”, la impresión que uno recibe de Sam’s Town es que no se toma en serio. Y para bien.

Mientras que Hot Fuss, que a pesar de su material poco logrado se estableció como un clásico gracias a sus éxitos (“Mr. Brightside”, “Smile Like You Mean It”), Sam’s Town es una secuela infravalorada con éxitos un poco menos populares pero mucho mejor desarrollados, un álbum que trabaja con la fortaleza de The Killers, que claramente está en el pop y no en la poca rudeza e ingenio creativo que tienen como banda de rock. Cumple con casi todos los clichés de la época que quieren canalizar, como el opener masivo (“Sam’s Town”), preludio y posludio, final épico (“Why Do I Keep Counting?”) y, entre todo eso, los mejores estribillos para cantar a todo pulmón que hemos tenido desde la gran última obra maestra del rock nostálgico pero dulce, (What’s the Story) Morning Glory? de Oasis.

Parte del encanto de esto es que Brandon y compañía se sueltan un poco más allá de los himnos de pista de baile tan fríos y calculados de Hot Fuss, con teclados que parecían tocados por un novato que quiere tocar notas negras con pulso robótico. Uno los siente más laxos, dispuestos al error, al ruido, al volumen y a la imperfección, sobre todo Brandon, cuya voz amplia por fin da todo de sí, aceptando quebrarse y falsetear emotivamente, subiendo de tono en los puentes y en los coros de remate de cada canción, dándole a cada una un final en grande.

Los power chords de “When You Were Young” son tan animosos que recuerdan a una intro cursi de anime, esas rolas de amor eterno con un quiebre en 1:50 donde imagino aparecería el título de la serie (lo que queda lo encontrarías como “full intro” en YouTube). Es un gran trabajo de estructura repetitiva á la “Heroes”, y la segunda ocasión donde se nota la influencia del Bowie más festivo es en la desvergonzadamente enamorada, horny, ridícula y encantadora “Bones” (mi canción favorita del grupo), con todo y un puente onda “Ashes to Ashes” que aparece de la nada. Es tan variada la mezcla de idiosincrasia que a este álbum se le perdona todo. Ideal para subirte el ánimo o decepcionarte ante tu propio rango vocal. ¿El futuro del rock? Para nada, pero podría ser lo que necesitas en el presente.

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