The Killers: Battle Born (2012)

2.0

En 2012, The Killers volvieron a los reflectores presumiendo motores recargados para el que —según ellos— sería su álbum más bombástico. Algo que suena lógico, pues esta es una banda con una visión conservadora del rock ‘n’ roll y una fijación heartland, sus imágenes decididamente retro —como el óleo que adorna la carátula en esta ocasión— y sus coros grandes, para sonar en estadios y para que tu habitación retiemble mientras piensas en tu amor juvenil (o que se siente juvenil).

Por desgracia, sus antecesores hacen mejor el trabajo. Battle Born no expande la paleta de Day & Age y, para escuchas más aventurados, esto será una decepción; para fans de Springsteen, Eagles, U2, Tom Petty —y para los mismos Killers—, una bendición. Es claro lo idealizado que la banda tiene este sonido middle-of-the-road, y que querían hacer este álbum desde Sam’s Town. Ya con el presupuesto para tener a cinco productores de renombre trabajando para ellos, no dudan en suprimir la crudeza de los primeros álbumes y remplazarla por un sonido más suave.

A la composición de Battle Born le queda grande su ambición. La producción está tan pulida que pierde músculo y quedamos con cincuenta minutos de pastiches nostálgicos fríamente calculados. En discos pasados, habría un contraste entre los momentos más y menos inspirados, haciendo que la experiencia fuese disfrutable como un todo a pesar del relleno; The Killers nunca fue una banda de álbumes, sino de sencillos. Aquí se esfuerzan tanto por escupir himno tras himno que nunca rozan siquiera una nueva “When You Were Young”.

Todo es tan grande, reverberante y dulce, que poco es lo que destaca. Se siente una responsabilidad por hacer de cada canción algo memorable y por ello el build up está más trabajado que nunca; se sacrifica la simplicidad y, aunque grandilocuentes, estas canciones son inaccesibles a una primera escucha. Ya desentrañadas, pocas llegan a ser siquiera tarareables: “Flesh and Bone” comienza interesante con su agudo sintetizador pero luego se convierte en lo más easy listening posible; “Runaways” es más de lo mismo. Hay tantos “ooh-oohs” que uno se pone a pensar que después de todo sí se puede tener mucho de algo bueno, y sí, el problema está más en el todo que en las canciones por sí solas (algo similar a la saturación de Be Here Now de Oasis). El pathos llega rara vez, como en “Here with Me” (la línea de extrañar a alguien por fotos en el celular es más universal a estas alturas que las de viajar en autopista) o en el fabuloso title track, que cierra el disco con la potencia eléctrica que pudo haber logrado antes. Hay tantas influencias que parece no decidirse: incluso hay uno de esos homenajes a Lou Reed tan obvios que terminan dando pena (“Heart of a Girl”).

Battle Born es el menos popular de los álbumes de The Killers y el único que carece de un hit omnipresente en la cultura pop, pero, irónicamente, es quizá el que mejor define quienes son: una banda que, para bien o para mal, ha decidido que todo lo bueno ya ha sido inventado y que no tiene vergüenza en admitir que lo que quiere es que canten junto con ella. Si esto es lo tuyo, adelante, pero si estás buscando algo fresco o inspirado, abstente y pon de nuevo Sam’s Town.

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