The Killers: Wonderful Wonderful (2017)

2.5

Siempre hay un riesgo cada que alguien decide ponerle a su obra un título con un adjetivo positivo (el fabuloso x, el sorprendente y). Si es bueno, bien, le queda, y si no, ya puedes ver todos esos encabezados socarrones de críticas. Entonces, ¿qué tan maravilloso maravilloso es Wonderful Wonderful, el quinto álbum de The Killers? Bien, al menos le otorgo uno de sus wonderful. Bueno, quizá la mitad de uno, y la otra es un simplemente decente: Wondergoodenough.

Esta es la mejor producción que ha tenido un álbum de esta banda. Siempre se caracterizaron por tomarse su sonido muy en serio y de hacer lo sonar lo más pulido posible y aquí vamos de lleno al bubblegum de una manera mucho más lograda que en Battle Born: es más probable que haya gentíos coreando estas canciones que cualquiera en ese disco. Son divertidas, grandiosas, y están llenas de tantos cambios y mini clímaxes como no escuchábamos desde 2006. En su ambición, Flowers sigue sin toparse con la simplicidad efectiva de una “Where You Were Young” pero al menos logra ponernos en el mood emocional.

Lo único que tira hacia abajo a Wonderful Wonderful es, como siempre es el caso con The Killers, el hecho de que sucumba al ersatz, a ser un mero recalentado de sonidos viejos. No es un secreto el tipo de banda que quieren ser (incluso recurrieron a Bono para consejos en la grabación) pero desde el principio aquí no podemos no escuchar las canciones en las que se basaron. El coro del title track se queda a pocas notas de ser un plagio del de “The Chain” de Fleetwood Mac, blasfemia si las hay; toma unas cuantas escuchas para aclimatarte a esto, y de hecho el outro es mucho más efectivo que el estribillo pobremente camuflado que lograron.

Mucho mejor manejado está el pastiche de Bowie circa Young Americans/Station to Station que es “The Man”, una de esas canciones onda “Boys Keep Swinging” o “Like a Man” de Pulp que enlistan clichés de la masculinidad impuesta. Esta no es tan contestataria como las otras dos (de hecho, no lo es en absoluto a menos que veas el vídeo), y hay un momento en el que Flowers rompe la cuarta pared y grita “Fame!”, efectivamente diciendo que sabe lo que está copiando y que está en paz con eso. Una vez aceptando esto, estamos más que listos para pasárnosla de lo lindo con la estampida de synthpop de “Tyson vs Douglas”, el gran coro de “Life to Come” y el clímax á la Roxy Music de “Out of My Mind”, con una guitarra chillante elevándose por las alturas en medio de un ritmo funky.

Si suena como el álbum más divertido y relajado que The Killers han hecho, es porque lo es. A veces roza o entra de lleno en lo cheesy, pero es aquí cuando mejor funciona, como en “The Calling”, donde el mormonismo de Flowers sale a la luz con una épica bíblica, un stomper gallagheriano, un momento Dig Out Your Soul cruzado con “Personal Jesus”. Irónicamente, cuando más serios intentan ser es cuando menos funcionan, como con “Some Kind of Love”, donde intentan hacer algo más ambient al lado de Brian Eno; están los sonidos, pero no la composición. El otro fallo es el final, “Have All the Songs Been Written?”, con una idea poética interesante pero que se queda muy corta; la canción termina de golpe y el álbum cierra de manera anticlimática. Entonces, ¿se han escrito todas las canciones? No, y si The Killers lo tomaran más en cuenta, harían mejores trabajos; pero su clasicismo es así de disfrutable, entonces, ¿hay alguien quejándose?

Wonderful-Wonderful

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