Big Mouth (2017)

3.5

Big Mouth es la nueva sitcom animada de Netflix, y está creada por Nick Kroll, Andrew Goldberg, Mark Levin y Jennifer Flacket. Goldberg es conocido por haber escrito algunos episodios de Padre de familia y es asistente de Seth MacFarlane desde la cuarta temporada. Mientras tanto, Mark Levin y Jennifer Flacket son una pareja de directores responsables por dos películas que nadie recuerda, Little Manhattan (conocida como ABC de amor) y La isla de Nim, así como el remake con Brendan Fraser de Viaje al centro de la tierra, de la cual fueron guionistas (por alguna razón, me enteré de todas esas películas gracias a la revista Nickelodeon).

Por último tenemos a Nick Kroll, un comediante conocido por programas como Kroll Show The League en FX, así como por varios papeles en películas de calidad irregular, tanto mal recibidas por la crítica como A Good Old Fashioned Orgy o inesperadas sorpresas como Sausage Party (donde fue la voz de Douche) o el villano de Capitán Calzoncillos, Mr Poopypants (no confundir con Mr. Poopybutthole).

Kroll es el nombre más prometedor del conjunto ya que los demás no inspiran precisamente altas expectativas, pero eso demuestra ser para bien, ya que probablemente la hubiera dejado al primer episodio si las hubiera tenido. No es mala, pero la vulgaridad del humor y el diseño de personajes puede ser alienante, y cuando empecé Big Mouth pensé que se trataba de una de las cosas más grotescas y desagradables de mirar que he visto en mi vida. Eso no cambió, pero mientras más me convencía más fui aceptando el estilo visual como la decisión correcta para la historia.

Big Mouth es una versión ficticia y muy actualizada de la pubertad de Nick Kroll y su amigo Andrew, quien es, por supuesto, Andrew Goldberg, uno de los cocreadores. Su intención era crear, y cito, “una versión pervertida de Los años maravillosos“. Big Mouth es un coming-of-age que no tiene heroísmos, elegidos, sueños ni metas bien definidas para los personajes, solo simples revelaciones sobre la vida cuando dejas de ser un niño y comienzas a ganar complejidad emocional y el sexo llega a inundar tu mente aunque no estés muy seguro de qué es o como funciona.

Kroll hace la voz de Nick Birch, el mejor amigo de Andrew Glouberman, interpretado por Chucho Calderón, digo, John Mulaney, con quien Kroll tenía un acto en Broadway llamado Oh, Hello, y su química se nota. Kroll es también la voz de Maurice, el monstruo hormonal, quien ya acompaña a Andrew pero todavía no a Nick, una mezcla de actor porno decadente y fauno, una decisión muy apropiada por la connotación dionisíaca de estas criaturas hedonistas y lujuriosas. Pero quien hace una interpretación vocal aún superior a la de Kroll es Maya Rudolph como Connie, la contraparte femenina de Maurice, que es todo sensualidad, actitud sassy y one-liners, con inflexiones tan perfectas en la voz que por sí sola vuelve obligatorio ver la serie en idioma original.

Los monstruos hormonales no son consejeros sabios ni nada por el estilo, sino ids con patas, con reacciones tan maduras o inmaduras como los personajes que los acompañan. Es graciosísimo ver la actitud de donjuán de Maurice y luego verlo colapsar en llanto juvenil cuando le rompen el corazón a Andrew.

Los creadores querían que Big Mouth fuera más que una perspectiva masculina y la balanza está bastante bien equilibrada a lo largo de los diez episodios con la representación femenina. El primer episodio comienza con Nick sorprendido y confundido por haber visto el pene más desarrollado de su amigo y en el segundo episodio ya estamos hablando de la menstruación a través del personaje de Jessi, una de las amigas de Nick y Andrew, quien se lleva un short blanco a un viaje escolar a la Estatua de la Libertad. Aprecié bastante el episodio y ya que varias amigas así me lo indicaron, parece ser bastante acertado al respecto, aunque claro, a diferencia de ellas, no pude reaccionar con mucho más que una sincera empatía por lo que tienen que pasar, como cada vez que una amiga me dice que tiene cólicos.

Donde la serie finalmente me atrapó con algo más personalmente identificable fue en el tercero, “Am I Gay?”, donde Andrew se pregunta si es gay por haber tenido una erección gracias a ver a Dwayne The Rock Johnson en un tráiler de una película (por cierto, gran parodia del latente homoerotismo de muchas de esas películas para hombres). También hay secuencias divertidísimas, como cuando le hace a Andrew un test gay que implica elegir entre opciones como Tilda Swinton, David Bowie y The Rock, o un musical estrafalario con un pastiche de Queen impecable. La conclusión de este episodio es muy madura, con un Andrew aún dudoso aprendiendo que a nadie le pueden gustar 100 % solo los hombres o solo las mujeres por la misma naturaleza espectral de la orientación sexual. No es un episodio sobre salir del clóset sino sobre conocerse cuando aún no te has definido, y aceptar que quizá definirse a veces no es tan fácil para todo mundo.

Este episodio me convenció de ver el resto, y se agradece que todo este humor tan pesado sea usado para entregar mensajes tan positivos sobre el género y la liberación sexual, particularmente con personajes femeninos, como Jessie cuando compra su primer brasier por elección propia, o Diane Birch confrontando el abuso en el episodio “The Head Push” o “El empujacabezas”, con un mensaje bastante fuerte sobre el consentimiento.

El final del arco de Andrew y su relación con Missy es también impecable con los dos últimos capítulos, una representación de la escala desproporcionada y la dependencia emocional que puede tener una relación adolescente por la inmadurez de la edad y las expectativas sociales. El penúltimo capítulo tiene una nota oscura pero realista, con Missy tomando la decisión correcta para ella por encima de otra persona, y el final acompaña a Andrew digiriendo lo sucedido y aceptando que era lo correcto. “The Pornscape” es quizá el episodio más creativo de todos, con Nick rescatando a su amigo de una adicción a la pornografía con la cual busca sedar lo sucedido al principio. Hay un comentario sobre lo fácil que se puede caer en una espiral cuando se te ofrece un paliativo sin límites, en este caso el Internet, y en general el episodio hace un buen trabajo cerrando la serie.

Si la renuevan y la calidad se mantiene está bien por mí, pero como estos diez episodios funcionan como una historia contenida. Solo hay un arco que no funciona, el de Jay con la almohada, por lejos lo más fantasioso y forzado del show, un segmento que toma demasiado tiempo y  peca de ser demasiado obvio. Muchos de los defectos aquí surgen de lo azaroso del humor. Las ideas para chistes son tan ridículas que parecen haber sido producto de un brainstorming pacheco y la mayoría funcionan, como el fantasma de Duke Ellington con la voz de Jordan Peele, el director de Get Out (otra razón imperdible para verla en inglés), pero hay algunas que no caen en el lugar debido.

Esto claro, variará de espectador a espectador. Se me hace una buena serie para ver si eres un adolescente por las lecciones y la perspectiva que tiene, pero con cierta timidez hacia estos temas o desagrado por los diseños o el humor grotesco en general, no habrá mucho qué hacer a menos que te decidas a sentarte y verla. No es como si fuera una serie difícil de entender pero simplemente, creo, en mi caso, que ya tener cierta distancia de esa edad te hace ver todo lo que pasa aquí con otros ojos, con una retrospectiva que hace que también te rías de ti mismo al recordar ciertas cosas. A fin de cuentas, este es el mensaje final de Big Mouth, con un hilarante número musical al ritmo de Life is a fucked up mess que enlaza las tramas adultas e infantiles, y concluye que, bueno, sí, ese desastre en el que te metes tras la pubertad nunca mejora, pero aceptarlo es el primer paso.

Big Mouth es una adición bienvenida a las buenas series animadas para adultos. Los personajes son memorables, las actuaciones de voces y la música son excelentes, el look es feo pero te acostumbras. En la escala impuesta para la animación adulta por BoJack Horseman y Rick and Morty no se acerca a las alturas de sus mejores episodios pero es también una sitcom vulgar sustanciosa que no les pide nada en algunos aspectos, como los momentos de quiebre de la cuarta pared. No es spoiler, créanme, están tan bien metidos y tan graciosos que te agarrarán de sorpresa.

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