Safety Last (1923)

4.0

Cuando te decides a ver una película que ya sabes contiene un momento icónico, en un rincón de tu cabeza lo estás esperando, aunque intentes concentrarte. Ya prácticamente todos los jóvenes vimos The Empire Strikes Back sabiendo del “no, I am your father”, y solo queríamos ver el momento del que surgieron tantas parodias. Si nos vamos a los inicios del cine, está la nave en el ojo de la luna de Méliès, y un hombre de gafas colgado de un reloj. Este hombre era el conocido como el “tercer genio” del cine silente: Harold Lloyd (los otros dos, Charlie Chaplin y Buster Keaton). No es sorpresa que, con ese tercer lugar en el que la historia lo puso, pocos hayan visto Safety Last, aunque contenga una de las imágenes más perennes de la historia del cine.

La buena noticia es que, aunque la cheques para poder presumir que tú sí sabes de donde viene el logotipo del folleto del cineclub local, la película es una pasada. Estos 77 minutos son un recordatorio de que, si bien el sonido fue una añadidura bienvenida, el silencio no era precisamente una limitación. A fin de cuentas, se llaman “movies” por algo: el movimiento. Es un despliegue de comedia física que pega pura y sin filtros: aquí no se trata de ironías, meta-comentarios, o captar referencias de otras obras (algo que, aceptémoslo, es algo elitista) para poder reírse; te ríes, simplemente, porque es muy divertido lo que está ocurriendo, lo que los actores están haciendo con su cuerpo (estoy parafrasesando a Max Winter: “es casi como reírte con otra parte de tu cerebro”). No hay un solo segundo aburrido, y cada escena está llena de tanto ingenio que hasta te ves tentado de empezar a considerar el slapstick algo elevado, después de todo.

Lloyd quizá no está tan grabado en la cultura popular porque su personaje no era tan fantástico como Charlot y no tan evidentemente cómico como Keaton; luce incluso apuesto, con su maquillaje pálido y sus labios de un oscuro intenso gracias al blanco y negro, un arreglo muy teatral. Es un hombre del día a día, no un ensueño. Al principio parece incluso algo pedestre al principio: su personaje, The Boy, obtiene un trabajo en una tienda departamental para poder proveer a The Girl, su novia (y su esposa en la vida real). Busca impresionarla diciéndole que posee un rango y un sueldo altos, ella va a visitarlo, y se ve forzado a obtener tanto el ascenso como el dinero cuando su jefe ofrece mil dólares a quien logre atraer más gente al negocio. ¿Su brillante idea? Montar una atracción: su amigo (Bill Strother), un hombre mosca, trepará el edificio.

¿El problema? este había tenido un roce con un policía, es perseguido, y ahora The Boy tiene que hacerlo. Con sus zapatos poco adecuados para el trabajo y todo. Es una idea muy simple pero es uno de los clímaxes más gratificantes del cine mudo junto con Metropolis; es una especie de épica a pequeña escala, es mucho con muy poco. Cada piso que Lloyd sube tiene sus propias trampas: palomas, ratones, ventanas abriéndose. Así como se disfruta el sabor de algo que pica, aquí te ríes con algo que da mucho miedo. En ningún momento luce falso; a la fecha la ilusión es prístina, y el detalle de mantener en la toma siempre a la calle de abajo con continuas muestras desde la perspectiva de la gente es un buen truco psicológico. Estaba tan inmerso, de hecho, que cuando llegó la parte del reloj, ni siquiera fue de mis favoritas en todo el viaje.

Lo que es más: ni siquiera me acordaba de querer ver la escena icónica antes de llegar ahí. El póster original ilustra las confusiones en la tienda departamental, las cuales no serán un despliegue de virtuosismo pero también tienen carisma. Cualquier hombre o mujer del día a día como Harold Lloyd puede empatizar con el infierno en el que se pueden convertir esos lugares. Hay personajes pintorescos, como Mr. Stubbs (Westcott Clarke, caracterizado como el típico esnob de nariz aguileña de las caricaturas), y momentos dignos de tu sitcom o sketch actual. Es una película en la que uno está en el momento, pasándola bien. Ahora que lo pienso, el reloj desprendido puede servir como metáfora para eso… no, olvídenlo, es demasiado serio para la ocasión.

26 El hombre mosca (1923)

Safety Last

El hombre mosca

Año: 1923
Duración: 1 hora 17 minutos
País: Estados Unidos

Dirección:
Fred C. Newmeyer
Sam Taylor

Guion:
Harold Lloyd
Sam Taylor

Historia:
Hal Roach
Tim Whelan

Fotografía:
Walter Lundin

Reparto:
Harold Lloyd
Mildred Davis
Bill Strothers
Noah Young
Westcott B. Clarke
Mickey Daniels

Productora:
Pathé
Hal Roach Studios

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