Metropolis (1927)

4.0

Metropolis, con su estatus de la película de ciencia ficción más influyente de la historia, es también una prueba de que el gran arte no siempre viene como un paquete completo. Su intento de ser una película socialmente consciente es risible, tanto que el propio Fritz Lang estuvo insatisfecho con ella y H. G. Wells la llamó tonta (que Goebbels y el resto de los nazis la hayan adorado tampoco ayudó). Uno al final queda pensando: bien, si el mediador entre cabeza y manos es el corazón, ¿cual es el “corazón” en la vida real? ¿Un hijo de rico de buen corazón estrechando las manos de un tirano con un obrero? No lo creo.

El valor de Metropolis está enteramente en sus imágenes. La masiva ciudad industrializada, las filas de trabajadores grisáceos y cabizbajos matándose diez horas al día (y como son consumidos por Moloch, el dios canaanita que devora niños, en una alucinación), son cosas que han influido mucho más al cine y que provocan mucha más acrobacia mental en el espectador que intentar razonar la trama. Piensa Dark CityGattacaBrazilBlade Runner, incluso la Ciudad Gótica de Batman de Tim Burton y, hasta cierto grado, la de Batman Begins. La Metrópolis de Lang vive en cada sociedad distópica que ves en pantalla, usualmente con una denuncia social mejor planificada.

Aquí, si piensas las cosas, la dimensión política está de fondo en lo que es una historia de científico loco y/o romántico asesino, como en las películas de monstruos de Universal que se harían en pocos años, o El gabinete del Dr. Caligari, su antecesora expresionista. La Metrópolis es una plutocracia dominada por Joh Fredersen (Alfred Abel), frío hombre de negocios, quien tiene a su hijo Freder (Gustav Fröhlich) viviendo en un jardín paradisíaco. Un día, Freder avista a Maria (Brigitte Helm), una especie de sacerdotisa/oradora motivacional para los obreros viviendo en el subterráneo, y decide seguirla. Se une a su causa, pero el científico Rotwang (quien está obsesionado con resucitar a su viejo amor, Hel) la secuestra, le da su parecido a un androide, y la desata para alborotar a la población hacia una revuelta, clímax apocalíptico donde al final se da una lucha mano a mano entre él con Freder en (de todos los lugares) el techo de una iglesia (un villano que trepa a lugares riesgosos, muy a la Disney).

Omití algunos enredos, pero de eso van las cosas. Ese es el resultado. No es una obra con una gran profundidad social o científica; ambos aspectos se tocan superficialmente y la “ficción” de ciencia ficción está fuertemente marcada. Incluso hay un tinte mitológico-religioso, como en la alucinación con Moloch o en una pesadilla febril de Freder con la falsa Maria (una Brigitte Helm de contorsiones tétricas y mirada lunática que Helena Bonham Carter pareció adoptar), a quien este visualiza como la gran puta de Babilonia. En su sueño, le baila semidesnuda a un gentío de ojos voraces al punto de que la pantalla se llena de sus húmedos globos, quizá la representación visual de los celos paranoides más ácida jamás vista. Sí, yo tampoco me lo esperaba la primera vez que la vi. Creo que un análisis feminista tampoco simpatizaría mucho: se puede culpar a Metropolis en gran parte de la popularización de las fembots.

Metropolis es la gran obra de estilo sobre sustancia. Aún con todo lo dicho, perderse en ella y caer bajo su hechizo es algo único. Aunque incoherente, el poder de sus imágenes se mantiene, sobre todo en la remasterización de 2010 posterior al descubrimiento de metraje perdido en Buenos Aires. Gran parte de esa versión se ve muy nítida (aunque aún faltan pequeños momentos y hay otros que se ven dañados) y mantiene la banda sonora original, wagneriana y ominosa, por Gottfried Huppertz. La versión con piano es mala opción: es demasiado discreta para todo el grandeur, y puede volverla soporífera; en el extremo opuesto está la versión glamurizada de Giorgio Moroder que la reduce a ser un vídeo musical, ¿crees que puedes concentrarte escuchando a Freddie Mercury golpear con aire su garganta sobre esto? Aunque, para ser justos, es mucho más corta y puede ser mejor idea para quienes quieren una experiencia más actualizada; yo quizá la elegiría si quisiera refrescarla sin pasar de nuevo por dos horas y media. De cualquier manera, Metropolis merece ser vista. Demanda atención, pero por suerte, no le cuesta mucho trabajo.

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Metropolis

Metrópolis

Año
1927
Duración
2 horas 35 minutos
País
Alemania
Dirección
Fritz Lang
Guion
Thea von Harbou
Música
Bernd Schultheis, Gottfried Huppertz
Fotografía
Karl Freund, Günther Rittau (B&W)
Reparto
Gustav Fröhlich, Brigitte Helm, Alfred Abel, Rudolf Klein-Rogge, Fritz Rasp, Theodor Loos, Heinrich George, Fritz Alberti, Grete Berger, Heinrich Gotho, Georg John, Olaf Storm
Productora
U.F.A

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