The 39 Steps (1935)

4.0

Cuando tenía nueve años, en 2006, acompañé a mi familia a ver una obra de teatro con Arath de la Torre llamada Los 39 escalones en la Ciudad de México. Aterrador: sonaba a una comedia horrible sobre un grupo de apoyo. En efecto me encontré con toneladas de humor barato, pero también estaba 100 % adentrado en la historia, y solo quería que los actores dejaran de improvisar estupideces. Salí con una sonrisa de oreja a oreja y cuando me fije en el póster, vi por qué: aún conservaba el “de Alfred Hitchcock” sobre el título. Aún en esos tiempos, tenía una idea de lo que sugería ese nombre.

Años más tarde, al ver la versión fílmica, es bastante obvio por qué aún tan deforme mantuvo su magia. Es la historia quintaesencial del héroe del día a día (“stiff upper lip”, como dicen los ingleses) adentrado en una conspiración internacional, del fugitivo justiciero. Está en su ADN, y mil variaciones no pueden borrar su intrínseco encanto: Hannay vive cada que Bruce Willis, Liam Neeson o Russel Crowe toman un arma. La misma fantasía escapista del hombre atado por la ciudad, hiperbolizada en lo estilístico y en lo erótico, ha servido para propeler al género de acción por décadas.

Y eso que la película no es particularmente congruente. De hecho, es bastante conveniente todo para el protagonista, Richard Hannay (Robert Donat), un héroe de novelas pulp olvidables por John Buchan. Para estándares actuales, podría ser llamado un Mary Sue, o mejor dicho, un Gary Stu. El canadiense está disfrutando una tarde de vodevil cuando es prácticamente elegido al azar por una mujer hermosa, Annabella Smith (Lucie Mannheim), para recibir toneladas de información confidencial que debe resguardar de una organización que está “en todas partes”. La misma idea que va desde los Illuminati hasta S.P.E.C.T.R.E, aquí llamada “Los 39 escalones”. Esto es el equivalente a que estés en el cine y se te acerque la chica que te pareció guapa en la fila, para decirte que eres presidente del mundo.

Hannay despierta para ver a Smith asesinada (que no les queda duda, en estos días, hubiera habido una cuantiosa escena de sexo antes) pero, ya con la adrenalina por sus venas (y ese patriotismo que el hombre promedio busca también reiterado en el cine), toma el mapa que la dama cargaba, lo que lo lleva a una serie de aventuras por Escocia durante las cuales se escabulle en tren y es perseguido por un autogiro, al estilo de la avioneta de North by Nortwest (1959) del mismo Hitchcock y el helicóptero de From Russia with Love (1963), la segunda película de James Bond.

Cada momento aquí es reconocible, pero apenas si está tocado por el tiempo. Su fuerza está en la sencillez: en cada viñeta, inclusive las escenas de tensión “cómica” como el enredo de celos en la cabaña en Escocia o el leve desvío a lo screwball con Madeleine Carroll esposada con Donat (trama incluso de películas infantiles actuales), Hitchcok lo dirige como si fuera Psycho. Incluso cuando Hannay sube a un estrado, tomado por orador político y, para hacer tiempo, entrega un discurso tan banal pero inspirador que es legítimamente cómico (ya un cliché omnipresente y más con tarados al mando), se siente importante. Es la vieja Hitchcock: intercalar tomas del protagonista, cada vez más nervioso, con la bomba que no sabe que está cerca, o con los que están a punto de cacharlo.

No lo cachan, claro. El molde de película que aquí nació es el “bro flick”, la experiencia “feel good” para la masculinidad, una trama intercambiable cuyo atractivo principal es que cada una de sus partes funcionen. En 1935 no había miles de variaciones saturando los cines, así que fue sorprendente, al punto que Orson Welles la llamó obra maestra. No es poca cosa y, para sensibilidades de aquel entonces, debía dejarte batido al salir del cine. No hay ceremonia o disimulo cada que alguien cae por un tiro o por una daga; ocurre como cualquier cosa. Si te gustan tus películas de acción puras y duras y con las libertades de las “R-rated” de hoy, quizá encuentres algo de ello que disfrutar, en espíritu, en The 39 Steps.

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The 39 Steps

Los 39 escalones

Alfred Hitchcock

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