The Martian (2015)

4.0

Mark Watney queda varado en Marte, y su única preocupación es sobrevivir. En sus palabras: “I’m going to have to science the shit out of this”. No aprende ninguna lección, no vemos flashbacks emotivos de sus seres queridos, y tampoco resulta ser víctima de una conspiración de la NASA para que contacte a una raza alienígena. De hecho, son bastante cooperativos. Incluso China pone de su parte.

¿Escenario demasiado optimista? Quizá, pero es el tipo de cosas que necesitamos ver. La ciencia y la tecnología no como una autocondena, sino como la herramienta que desde siempre nos a ayudado a salir adelante. No necesitamos más “Black Mirror” para reiterar que podemos ser unos bastardos.

En Hispanoamérica “The Martian” lleva por nombre “Misión rescate”, porque es más fácil venderla como una historia de naufragio que como “el marciano”, por lo asociada que está la palabra con hombrecitos verdes. Termina siendo más o menos ad hoc: la ordalía del astronauta botánico de Matt Damon es resolver punto A para ir a un punto B cada vez más complicado mientras se agotan el tiempo y los recursos. El rescate es un trabajo en conjunto entre personas separadas por cientos de millones de kilómetros, y establecer comunicación es el reto primordial (la comida se acabará eventualmente), imposible de lograr sin las herramientas que unos dicen han llegado para aislarnos.

El guionista Drew Goddard (“The Cabin in the Woods”) recorta la paja técnica de la novela de Andy Weir (paja para la pantalla, al menos) dejando la jerga al mínimo. Que Matt esté interpretando a un “science bro” capaz de ponerse a bromear cual vloguero en sus bitácoras, hace todo aún más llevadero. Su personalidad y conocimientos no solo lo ayudan a mantenerse vivo, sino a distraerse pensando que legamente es un pirata del espacio, o que sea lo que sea que haga, será el primero: en escalar la colina de allá, en sentarse en el montículo de acá. Su temple es irreal: solo lo vemos perder los estribos una vez. Lo que más reta la suspensión de la incredulidad no son sus acrobacias en gravedad cero al final de la película, sino que llegue cuerdo hasta ese punto. Rosáceo, pero prefiero ver a Watney quejarse de que solo tiene música disco para escuchar en su aislamiento a verlo entrar en crisis. Es mi tipo de romanticismo.

La duración y el ritmo de “The Martian” podrían ser desesperantes para quienes no comparten ese romanticismo, para aquellos que no son propensos a tener ojos húmedos cuando escuchan odas a lo magno del espacio y a todos los cacharros sofisticados que hemos arrojado allá afuera con tal de conocerlo un poquito más. Pero el humanismo podría convertir a algunos otros; la película probablemente hubiera tenido la bendición de Carl Sagan. Es grata la ausencia de una revelación cuasi religiosa de un portal a otra dimensión o algo por el estilo. No pretende explorar preguntas insondables, y se niega a ir “más allá” —como otras películas empeñadas en superar la lisergia existencial de “2001”— pues su tesis es literalmente terrena: la vida encuentra una forma, sea Mark Watney o sus patatas creciendo en el suelo marciano. El espectáculo visual es minimalista: todo panoramas devastadores y desolación rojiza hasta donde alcance la vista. El grandeur austero del espacio real.

Por otro lado, también se niega a ir “más acá”; como los periodistas en “All the President’s Men”, ninguno de los científicos en pantalla es explorado de manera no concerniente a la misión. La sangre, sudor y conocimiento que emplean para rescatar a su colega es todo lo que necesitamos saber de ellos. Las escenas con Phil Daniels, Sean Bean, y unos inesperados Kristen Wiig y Donald Glover, son tan entretenidas como las desventuras de Watney, nunca demasiado burocráticas, llenas de detalles idiosincráticos en los diálogos, como Chiwetel Ejiofor preguntándose si el mensaje de “Are you fucking kidding me?” de Watney (respuesta a una propuesta particularmente riesgosa para ayudar a su rescate) va con tono de sorpresa o de indignación, como quien se pregunta si lo están mandando al diablo en un mensaje de texto. Nunca se pierde la levedad: es una película “feel good” para nerds, porque también merecemos un montaje feliz en los créditos con todos los personajes. Kudos por “Starman” en una escena anterior.

“The Martian” es instantáneamente una favorita personal del catálogo de Ridley Scott. No es una nueva “Alien”, pero es una nueva y más interesante “Cast Away”. El interés en el cómo se mantiene durante más de dos horas. Muy apropiado para algo que va de ciencia. Y para quienes extrañen al alien, hay una escena donde Watney se cura a sí mismo de una herida, se abre un poco de abdomen y escarba para sacar la antena atorada del accidente que sufre al principio de la película. Es breve, pero está filmada de manera tan tétrica que esperas que el xenomorfo emerja. Dejemos el crossover para los fanfics.

The Martian

Ridley Scott

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