Nosferatu (1922)

4.0

Se dice que “nosferatu” viene del rumano “nesuferitu”, que significa “el repugnante”. También se baraja un posible origen griego, “nosophoros”, que significa “infeccioso”. En cualquier caso, el resultado es el mismo: podredumbre. Nosferatu no te asusta en el sentido actual de hacerte gritar, pero al terminarla, te quedas con las imágenes del Conde Orlok grabadas al rojo, y es porque transmite esa esencia de corrupción en cada escena: estética, moral, sexual.

Esta es la historia quintaesencial del vampiro que se ve hasta en las parodias de las caricaturas. En 1838, en el pueblo alemán de Bremen, el agente de bienes raíces Johannes Hutter viaja a Transilvania para venderle un edificio al Conde Orlok. Durante el viaje, es estúpidamente ciego ante el obvio embrujo del lugar. Es un desfile de “¡ah, ya he visto ese momento antes!”: los pueblerinos se quedan mudos ante la mención del conde, un lobo aúlla, el cochero ya no quiere llevar más allá del puente al protagonista.

F. W. Murnau se inspira en El gabinete del Dr. Caligari no para crear un otromundo lunático sino para volver a este aterrador: no está representando un estado mental torcido, solo quiere que su película de horror se vea cool. Y así es como haces la aportación pionera al cine gótico más grande. Nada mal para 1922. Cuando ves como Murnau de la nada saca una toma en negativo del carro que lleva a Hutter al castillo, y que también este —así como el Conde— se mueve en stop motion, como apareciendo y desapareciendo, te sacas tantito de onda. Son efectos baratos, pero tan efectivos que se siguen usando hoy en día. Sobre todo el segundo: es una movilidad irregular, inhumana, como una especie de valle inquietante motriz. Es desagradable de mirar.

También hay un par de montajes: la noche pesadillesca de Hutter en el castillo intercalada con una noche de sonambulismo de su esposa Ellen (Greta Schröder), y el posterior escape de Hutter intercalado con el viaje de Orlok por mar hacia Bremen. Tras haber absorbido el lenguaje lineal del cine de la época, toparse con este orden de tomas es, de repente, un golpe de modernidad.

Nosferatu iba a ser una adaptación de Dracula de Bram Stoker, pero se beneficia por no serlo. Como dijo Roger Ebert: “Di Dracula y sonreirás. Di Nosferatu y te habrás comido un limón”. El vampiro de Max Schreck no es elegante ni sexy, es un animal. Es una rata gigante, incluso en sus dientes frontales. Jorobado, con garras enormes, cejas como cuernos y orejas de duende. Es exagerado, pero ver su presencia constantemente en pantalla es una imagen tan golpeadora que cuando llega la escena más famosa con su sombra subiendo por la escalera, son breves segundos tan escalofriantes que se sienten eternos.

Luego viene un final que podría parecer anticlimático, a menos que tomes en consideración que aquí nació lo del vampiro muriendo por la luz del sol; originalmente, solo lo debilitaba. El pobre Nosferatu quedó demasiado ensimismado con la “bella garganta” de Ellen para darse cuenta del amanecer. Es, básicamente, un castigo para una violación, muy en la línea del posible subtexto sobre los miedos venéreos de la novela. Es una película bastante jodida, rica en imágenes jodidas de plantas carnívoras y ratas. Suciedad por todas partes. Aunque la veas como tarea para saber más de cine, al final se queda en tu cabeza.

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Nosferatu, eine Symphonie des Grauens

F. W. Murnau

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